Domingo, 13 Mayo 2018 20:22

Argentina: FMI, turismo y ...

“…Una devaluación abrupta puede ser problemática en un país con cultura inflacionaria, pero es difícil que el FMI esté dispuesto a financiar la fuga de capitales aportando fondos que fogoneen la adquisición de dólares baratos.” Francisco Olivera. La Nación.

 

 

 

 

 

por Luis Alejandro Rizzi, desde Buenos Aires

 

No es infidencia ni violación de secretos decir que los argentinos vivimos de prestado, desde poco después de la declaración de nuestra independencia, cuando en 1822 se contrajo el préstamo  con la Baring Brothers para construir un puerto y edificar  dos cárceles que jamás se hicieron. Sin embargo algunos historiadores dicen que nuestro ahogo financiero dataría de diez años antes.

 

No se debe olvidar que don Juan Manuel de Rosas ofreció en pago a los banqueros acreedores de la deuda existente en 1842 a Las islas Malvinas, es decir una parte de nuestro territorio. Esto no hay que olvidarlo, porque pienso que fue un hecho muy simbólico sobre nuestro modo de ser.

 

Nuestra historia es una historia de “famas y deudas”, por cierto no de buena fama ni de buenos deudores. Sin embargo un gran sector de argentinos hoy siguen exigiendo como virtud la de ser o tener que ser, mas grave aun, deudores incumplidores con justa causa y hacer fama de ello, como cuando se celebró por el Congreso de la Nación, la declaración del default en 2001 como un hecho épico e histórico.

 

Como es de público conocimiento, otra vez estamos sumergidos en una crisis autoprovocada y hasta pretenderíamos un premio Nobel por nuestras “famas y deudas”.

 

Me pareció necesaria esta introducción porque de una buena vez tenemos que asumir  como somos y lo que somos, una sociedad pretensiosa que debe ser solventada por acreedores inescrupulosos que osan imponernos rigurosas condiciones para poder viajar al exterior y gastar siempre por dos y además pretenden que les devolvamos, el dinero recibido en préstamo, vulnerando nuestra soberanía política y económica.  

 

No nos debemos excluir ninguno de nosotros, diciendo, pero yo trabajo las 24 horas, pago los impuestos, soy honesto y vivo de mi trabajo y con mas hipocresía aun “jamás los voté” a gobernantes impresentables que tuvieron mayorías indiscutibles y a los que en cualquier momento consideraremos nuestros salvadores.

 

Nadie hizo nada mal, todo es obra de “los otros”.

 

Sabemos que no es asi, es muy difícil que nuestro “circulo rojo” pueda explicar el origen de sus fortunas, es muy difícil que muchos beneficiarios de planes sociales puedan justificar su legitima percepción, es muy difícil que muchos beneficiarios previsionales que jamás aportaron puedan defender la legitimidad  de su derecho, es muy difícil que la mayoría de los sindicalistas puedan justificar sus patrimonios, es muy difícil justificar que cada tanto debamos realizar blanqueos para limpiar dinero que en ningún caso pudo  ser bien habido, sino no sería “negro”, es muy difícil que muchos jueces puedan justificar su independencia y es mucho mas difícil que los funcionarios públicos puedan justificar su idoneidad.

 

Lo más hipócrita es que además justificamos con elocuentes discursos nuestra “forma de ser”.

 

Jorge Lanata escribió el sábado en el diario “Clarín” “Preste la cantidad que preste, no dependemos del Fondo: dependemos de nuestra propia estupidez, de nuestra abulia, de nuestra liviandad. Llevamos doscientos años construyendo cadenas”.

 

Como si esto fuera poco ocurren cosas que si no fueran trágicas, constituirían obas maestras del mejor humor.

 

El Gobierno pidió ayuda al FMI, no fue el FMI que dijo vengan argentinitos los queremos ayudar para joderlos un poco más.

 

Poco importa si el FMI nos presta u$s 20.000, 30 mil o 50 mil millones, sabemos que para darnos el préstamo más que exigir, deberemos negociar condiciones previamente conocidas ya que se pueden leer por internet en su página web. No obstante la picardía argentina sigue vigente y el gobierno cree que con apoyos políticos algunas de esas reglas podrían obviarse.

 

El país negociará y sobre la base de lo que proponga y necesite, que significa procurar el mejor logro o beneficio y presentará el documento que se llama “carta de intención” y si satisface al FMI nos dará la guita y si  no, no.

 

El FMI procurará con buen sentido que ese dinero se use lo mejor posible, de acuerdo a lo expuesto en la Carta de Intención, por lo tanto si el dinero se destinara a mantener artificialmente sobrevaluada nuestra moneda, que realmente es solo “virtual” ya que en la realidad no tenemos moneda,  para de ese modo facilitar la fuga de capitales o abaratar los viajes al exterior, nos dirá. “NO” y gracias a Dios que lo negará.

 

Nuestro país, que tiene que salir a pedir “crédito” tuvo el año pasado un déficit de su balanza turística de u$s 10000 millones, es obvio que el FMI no nos dará dinero para financiar y aumentar ese déficit.

 

Tampoco nos dará dinero para financiar gastos improductivos o que lleven a fortalecer nuestro déficit que ya dejaron de ser patológicos para convertirse en nuestro estado normal.  

 

Lo patológico seria para los argentinos tener las cuentas en orden.

 

Por otra parte si el FMI nos diera dinero para tener sobrevaluada nuestra moneda, solo estaría financiando nuestras graves adicciones.

 

Pero además sería una forma de facilitar una ingrata distribución del ingreso ya que esos diez mil millones de dólares “turísticos” fueron gastados por solo dos o a lo sumo tres deciles (del 8 al 10) de la población que recibe algún tipo de ingreso. Nuestros viajeros si aplicamos lo que se llama recurrencia (una misma persona viaja mas de una vez al año), constituyen una minoría que se beneficia a costa del resto que es una mayoría.

 

Esto es una real injusticia social ya que a través de un tipo de cambio artificial se genera una pésima redistribución del ingreso en beneficio de los más pudientes.

 

La pregunta es porque nuestro turismo receptivo o exportador es escaso. Precisamente porque subsidiamos al emisivo o importado.

 

Si comenzamos a hacer las cosas en serio, perdón por mi injustificable inocencia o ingenuidad, los argentinos deberían viajar al exterior mucho menos, incluido a Punta del Este, perdón hermanos uruguayos, porque en esa ciudad como en muchas de nuestra costa atlántica,  se construyeron con dinero  “negro” de argentinos.

 

Por eso tenemos ciudades inhabitadas durante gran parte del año.

 

Punta del Este, Mar del Plata, Pinamar, Carilo, solo existen 90 días al año, pero en esos días albergan a mucho miles más de personas.  Esto se comprueba viajando en mayo, junio, agosto, septiembre, octubre y noviembre, veremos  locales cerrados de todos los rubros, hoteles vacios y calles semidesiertas.

 

Cuanta vivienda ociosa hay en esos destinos,  cuando en Buenos Aires, tenemos una veintena de villas precarias que albergan en condiciones de indignidad a miles de personas y ahora se pretende urbanizar la miseria, que en definitiva es perpetuarla.

 

En Argentina el turismo emisivo, en su sentido mas amplio, ha servicio como excusa para evadir impuestos y fugar capitales y para la clase media, de medio nivel, gastar en el exterior.

 

Es cierto afuera todo es más barato; somos además un país muy caro.

 

¿Porque somos tan caros?  

 

La respuesta es simple, porque producimos poco y mal y porque hemos establecido derechos y beneficios que no se pueden financiar con recursos genuinos. Porque no tenemos capacidad para competir, salvo en las actividades agropecuarias donde estamos al nivel de los mejores.

 

Si finalmente el tipo de cambio quedara a merced del mercado, es probable que el precio del dólar se acomode en alrededor de $25.00/26.00 y a partir de allí varié según la inflación. Esto impactará en el turismo emisivo o importador que lo llevará a la baja.

 

En sentido opuesto es  probable que el turismo receptivo o exportador se comience  a fortalecer y este es el desafío inmediato de la industria y en especial de las Agencias.  Obviamente a esta variable hay que acompañarlas con políticas nacionales y regionales y adecuado marketing. El tipo de cambio por si solo es insuficiente para generar una actividad improductiva  en rentable, pero un tipo de cambio irreal es suficiente para castigar la Actividad productiva.

 

Ese precio del dólar también condicionará y modificará muchos proyectos locales turísticos y de transporte aéreo que confiaron en un dólar subsidiado, algo que también anticipamos a quienes nos consultaron y aconsejamos como mínimo prudencia y cuando menos revisión de proyectos.

 

En la Argentina tenemos un combo muy complejo como lo explicó Martin Lousteau que comprende precios relativos, tipo de cambio e inflación, por un lado, déficit fiscal intolerable y exceso de gasto financiable a alto costo  por el otro  y finalmente estancamiento y falta de crecimiento ya que los porcentajes probables, insuficientes por otra parte, del 2% son más bien recuperación de puntos perdidos.

 

Vale aquello de “Nos podemos engañar algunos un tiempo, se pueden engañar otros todo el tiempo, pero no es posible que nos engañemos todos todo el tiempo…”

 

En la Argentina, donde todo es distinto,  parecería que nos gusta vivir engañados durante todo el tiempo.

 

Es nuestra picardía criolla.

 

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LUIS ALEJANDRO RIZZI

Argentino, residente en Buenos Aires, abogado, trabaja en su profesi贸n asesorando empresas. Hizo secundaria en el Colegio Nacional de Buenos Aires y la carrera en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

Tiene cursos de post grado en Derecho Aeron谩utico y Transporte A茅reo. Fue Gerente General de Aerol铆neas Argentinas; hizo periodismo econ贸mico en Radio Mitre y Radio del Plata y escribi贸 en diversos medios sobre temas econ贸micos y cambiarios. Fue Profesor de Comercio Exterior en la Fundaci贸n Bank Boston. Ha dado charlas y dictado cursos en varias ciudades del interior argentino y participado en numerosos congresos y eventos en su pa铆s y en el exterior. Escribe sobre Transporte a茅reo, pol铆tica a茅rea y tur铆stica y pol铆tica nacional e internacional.


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