Miércoles, 21 Febrero 2018 08:24

¿Cómo que no se puede?

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"Capítulo aparte resultan los guías turísticos. Por lo que pudimos saber casi todos adoptan la misma posición y según ellos "no hablan de política" sino que "informan a los pasajeros" y ahí trasmiten con mucho humor ácido no exento de tristeza la difícil coyuntura que están viviendo. Vimos las colas interminables de los caraqueños para comprar alimentos; vimos los locales de exhibición de las automotoras vacíos (no se importan automóviles desde 2009 pero la gasolina cuesta diez centavos el litro) y el mensaje esperanzado, dicho en voz baja y con ironía que se está a la espera que "el régimen caiga de maduro...".", este texo fue parte de nuestra Crónica de viaje de enero de 2016, hace dos años, cuando llegamos a La Guaira en un crucero y compramos un tour panorámico para llegar hasta Caracas, con la expresa exención del centro, por seguridad. No creemos que nadie, que esté planificando sus próximas vacaciones, esté considerando como eventual destino a Venezuela. Y ese descarte seguramente no sea el resultado de la falta de atractivo turístico que tiene el bello país caribeño, sino la realidad que vive su gente, en un clima de inseguridad absoluta y paupérrimas condiciones de salud, alimentación y empleo. Los datos de la realidad, triste realidad, indican que esa nación que fue tan receptiva para los hermanos latinoamericanos y antes, para los emigrantes de Europa, principalmente de España e Italia, ahora ve como su gente se va, expulsada de su propia tierra.

 

 

 

 

La incomprensible ola de violencia que azota Uruguay en la presente coyuntura, el oscuro relacionamiento de nuestro gobierno y de buena parte de los integrantes de la fuerza política que lo integra, el Frente Amplio con el régimen autoritario y caótico de Maduro, nos hace pensar que cada día es menos improbable que estemos marchando hacia un lugar común con los hermanos venezolanos.

La asonada de días atrás en Avenida Italia, la vimos desde lejos sin poder creer lo que veíamos. En esa misma zona, no hace mucho tiempo, a las 11 de la mañana de un día laboral, cuando se aprestaba a descender del auto para atender a un paciente que había solicitado médico a domicilio, mi esposa se vio encañonada con un arma de grueso calibre y fue despojada de inmediato de todas sus pertenencias. Mis hijos y mis nietos transitan prácticamentea a diario esa avenida, al igual que yo lo hago esporádicamente.

Luego de que sufrimos varias "entradas" a casa, una de ellas hasta el propio dormitorio, hemos construido prácticamente un búnker para poder estar un poco tranquilos, con cerca eléctrica, cobertura en chapa de las rejas, cámaras de seguridad y demás.

Aparentemente, "no se puede" frenar a la delincuencia a pesar de la enormidad de recursos que -como jamás en la historia- se ha dotado al Ministerio del Interior. Entonces, cuando vemos que como respuesta a la alarma pública, se pudo encontrar al Kiki en 48 horas, luego de tres meses de estar prófugo, nos preguntamos: ¿no se puede? o ¿no se quiere?. Porque a la vista está que cuando se quiere se puede, ¿o fue casualidad?.

Con mucha preocupación -valga la redundancia-, vemos la preocupación creciente de muchos compatriotas por parar la incitación a la violencia en las redes. La vemos con alarma por el dato de la realidad en sí, pero también porque -con tino- indican que no se puede parar la violencia alentándola desde las redes.

Hace mucho tiempo escribí en el Portal del Uruguay un cuento de Esperanza-ficción titulado "La Isla", en el mismo aconsejaba construir dos cárceles en la Isla de Flores, una de rehabilitación -para los rehabilitables, obvio- y la otra, para quienes merecen la "pena de isla" en sustitución de la pena de muerte.

En la primera,, el día dividido en tres: ocho horas de trabajo, ocho de estudio y deporte y ocho de descanso. Nada de "paquete" con tabaco y yerba, se lo tienen que ganar laburando y ser ellos los que le giren su salario -asignado por el Estado o fruto de su creación artesanal u otra- a la familia que dejaron desamparada por sus actos.

La segunda, con una puerta muy segura sólo para entrar y rodeada por un lago con cocodrilos. Desde el exterior idear alguna forma de tirarles la comida para adentro y suerte en pila. Hay individuos que -todos sabemos- no deben volver jamás a vivir en sociedad.

La forma de financiarlo

La llave mágica la tienen en el Ministerio de Turismo. Si hacemos esto de las dos cárceles, el territorio continental quedará al igual que con el tabaco, "100% libre de delincuencia" y entonces no habrá necesidad de mentir la cantidad de turistas que llegan como ahora, que ni por asomo son 4 millones. Llegarán multitudinariamente por ser un exótico destino seguro.

A cada isla que llegamos aquí en Brasil para visitarla, nos cobran entre 10 y 15 reales por persona, o sea, un poco más de 3 y 5 dólares respectivamente.

¿Cuánto costaría la obra?...¿verdad que en pocos años la financiamos?

Cuéntenme entonces si se puede o no se puede.

Portal de América - por Sergio Antonio Herrera, desde Brasil

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