Scrambled Eggs: el nombre del juego
Lunes, 01 Mayo 2017 23:20

Scrambled Eggs: el nombre del juego

Está circulando la noticia de que el WIFI en los hoteles es, para los huéspedes, más importante que el desayuno. Como tantas cosas de esas que se publican todos los días, no sé de donde habrán sacado eso. De hecho acabo de comprobar lo contrario, pasando unos días en el Club del Lago de Punta del Este. Ahí parece que todo el mundo fue por el desayuno. Se le ve en las caras. La gente se acuesta pensando en el desayuno de la mañana siguiente y se despierta con la misma idea y una gran duda: "¿A qué hora me desayuno?". Me acordé de Margarita Pollio que cuando iba al Hotel Westbury de Londres -excelente ubicación y mejor desayuno- se levantaba, enjuagaba la cara, se ponía un elegante tapado sobre el camisón y bajaba a desayunar. Luego volvía a la habitación y seguía durmiendo, era un lujo que se podía dar: ya había viajado y trabajado mucho.

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por Damián Argul, desde Carrasco, Uruguay

 

En el Club del Lago a la gente uno la ve quince minutos en la piscina, treinta paseando por el parque, una hora en el micro cine y dos desayunando.

Y no es que conversen o estén maravillados con el paisaje, más bien miran sus platos y la mesa del buffet calculando la próxima incursión. “¿No te vas a hacer un waffle?”, le dice la mamá a su hija de 13 años, “lo que más me gusta son las frutas”, dice otra volviendo con el plato repleto. Y así todos. De hecho cada vez que le comento a alguien que estuve en el Club del Lago, todos me comentan del desayuno, nadie me habla del WIFI.
Y los buenos desayunos no se olvidan más, como los “huevos de Brennan’s” ese restaurant clásico de Nueva Orleans, famoso obviamente, por sus huevos. Te los sirven de mil maneras por ejemplo Eggs Hussard, jamón, queso, tomate, muffins tostados y una exquisita combinación de salsas, entre otras cosas, además de lo habitual del desayuno, pero todo se complica cuando viene el sommelier y te convence que lo que pediste hace un buen maridaje con un SauvignonBlanc del Napa Valley. Y tenía razón. Uno después sale con ganas de devorarse Nueva Orleáns.

Estos desayunos no se olvidan, como el que me sirvieron en el Zululand Safari Lodge de Hluluwe en Sudáfrica. Aquí te despiertan bien temprano para hacer una caminata por la sabana africana.El desayuno –para el nivel del servicios de ese país- fue decepcionante. Un café con torta de bizcochuelo que no pasará a la historia. El sacrificio valió la pena, un experto naturalista nos va guiando y enseñando las curiosidades de la flora y la fauna, incluyendo cebras, jirafas y otros bichos “familiares”. Para evitarnos encuentros desagradables un rastreador y un ranger, con sendos fusiles, nos escoltan y de repente la sorpresa: en un claro del monte una mesa elegantemente servida nos espera. Chef con gorro, vajilla de primera, manteles blancos y un tremendo buffet con todo lo que puedas imaginar inclusive la variada selección de jugos naturales característica de la zona. Detalle típico de este país.

Porque aquí y en todos lados estos tremendos buffets son muy parecidos y solo varían en calidad y algunos detalles exclusivos.

En esto de los desayunos buffet hay que darle la derecha al "café da manha” brasileño, que fueron los  primeros que vi tan descomunales y por muchos años. Verdaderos banquetes en los que se lucían la variedad de frutas y el Pão de Queijo, una especialidad que refuerza la identidad. “principal atractivo turístico”, como acaba de escribir el Director de este portal.

Por eso, en México siempre desayuno con chilaquiles: trozos de tortillas ”viejas” en salsa de chile, carnitas, chorizo, queso, crema, cebolla, aguacate  entre otras cosas, que no sé si me gustan, pero si son muy mexicanos. Estos platillos y los célebre “antojitos”, muchos de los cuales se comen al paso, son ricos siempre, pero nuestros organismos los recibirán mejor cuando se comen en lugares que cocinan con materias primas seleccionadas.

Típicos son también los churros en Madrid. Algunas veces he dejado el desayuno del hotel para ir a sentarme en un café, si el tiempo ayuda en una terraza, pido una de churros y a leer la prensa del día. Uno de los momentos placenteros de mis viajes.

Es que no son necesarios los grandes desayunos para comenzar bien un día de viaje. En París son sencillos, un par de croissants y, con un poco de suerte, pain au chocolat. Delicioso como todo lo que se come en Paris.

Y la duda de siempre: ¿Nuestros hoteles no deberían servir pastelitos de dulce o tortas fritas en los desayunos?

En los Estados Unidos los desayunos generalmente no están incluidos en el precio de la habitación. EnMiami Beach, algunos hoteles económicos los incluyen como llamador, ofreciendo un servicio muy pobre: dos rebanadas de pan, y el mínimo posible de manteca y jalea.
Una mención especial a la canasta llena de croissants, bollos y otros deliciosos panes con diferentes gustos que sirve el legendario Fontainebleua. Un atentado a cualquier dieta sensata.

En Nueva York el hotel antiguo Doral Inn, en el que me alojaba y tenía mi oficina, ofrecía dos opciones un restaurant con mantel blanco y una cafetería. Los dos eran caros, el restaurante un poco más pero las french toasts insuperables y a veces sucumbí a la tentación. Otra opción era cruzar la calle y desayunar en el Oscars’s Bar, la cafetería del Waldorf Astoria, todo muy correcto pero con una decoración que te daba optimismo para todo el día. Ojalá que los chinos no la cambien.

Lugares como este o el News Café del South Beach son ideales para invitar a desayunar a un compromiso de trabajo. Son más económicos que un almuerzo en cualquier restaurant y a la gente le gusta mucho.

En los viajes los precios juegan un papel muy importante. Y no tanto el costo local sino por el valor del dólar que te cambia todos los esquemas.  Buenos Aires es el mayor ejemplo: lo que es casi regalado un día a la semana puede ser lo más caro del mundo. Lo he vivido.

Por eso hay que andar con cuidado. Una vez me invitaron a pasar unas noches en el Imperial de Viena y acepté gustoso, aunque en los grandes hoteles europeos nunca me sentí muy cómodo. El hecho es que cuando bajé a desayunar la tentación fue muy fuerte, el lugar y la mesa del buffet parecían un cuadro de Zurbarán, pero el precio era irracionalmente caro, así que desayuné los tres días en tres cafés distintos de la zona. Todo muy rico y unas milhojas insuperables, aunque no tuvieran dulce de leche.

Algo más lejos, en el Sofitel de Auckland desayuné el primer día saboreando unos impecables Eggs Benedict. Pero el precio era totalmente desproporcionado,así que a la mañana siguiente me encaminé al muy criticado Mac Donald’s que siempre espera que llegues con el caballo cansado. Esa vez la recompensa fue optima: El Kiwi Breakfast: salchichas, papas Hash Brown, huevos revueltos y  Muffins tostados.

Claro está que no es necesario ir tan lejos para disfrutar un buen desayuno. El Ajax de Punta del Este, hotel al que vimos nacer, todas las mañanas sirve un desayuno completo y diferente, ya que es muy variado y sobre todo casero. Esas cosas se notan.
Algunos experimentados viajeros recomiendan un desayuno liviano. No coincido con eso. Todo buen día de viaje comienza con un buen desayuno, dice el Manual del Buen Viajero algo deberían leer los Hoteleros, si es que algún día alguien lo publica. No poca gente elige un hotel –y hasta un lugar- por sus desayunos. Doy fe.

Portal de América

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