Por Macarena Vera y Diego Rodríguez, desde Montevideo
Desde temprano, el flujo de gente teñía de negro y colores flúor las canteras. Pero lo que definió la jornada fueron los encuentros, esos "momentos Cosquín" donde la jerarquía de los escenarios se borró para dar paso a la colaboración pura.
Uno de los momentos más emotivos de la tarde ocurrió cuando el legendario Ciro Martínez acompaño a su hija, Manu Martínez, a compartir las tablas. La química natural entre ambos bajo el sol de la tarde uruguaya le dio un tinte íntimo a la inmensidad del predio, demostrando que el rock es, ante todo, una herencia que se transmite en la sangre.
El estallido del escenario principal: La Vela Puerca
El clímax del Cosquín Rock Uruguay 2026 llegó al caer el sol, con el calor humano en el pogo dictaba otra temperatura. La presentación de La Vela Puerca no fue un show más; fue la confirmación de que el rock uruguayo sigue siendo el anfitrión de lujo en su propia casa.
La Vela arrancó con una energía arrolladora, repasando esos clásicos que el público canta con los ojos cerrados. La banda, ajustada y potente como siempre, manejó los climas con maestría, pasando del ska más festivo a los momentos de rock crudo que definen su última etapa.

Un gran momento en la noche: WOS se suma a la "Vela"
El punto de quiebre absoluto del festival ocurrió cuando Sebastián Teysera anunció a un invitado que nadie quería perderse. WOS, saltó a las tablas para fundirse en un abrazo con el Enano y el Cebolla.
La Fusión no fue solo una colaboración de compromiso; fue un choque de potencias. WOS aportó su impronta de freestyle y su flow eléctrico a uno de los himnos de la banda, inyectándole una urgencia moderna a las melodías clásicas. Ver a dos generaciones de referentes rioplatenses compartiendo el micrófono generó un estallido en la audiencia. Los más veteranos, fieles seguidores de la banda del "Enano", y los más jóvenes, se unieron en un solo pogo que hizo vibrar el suelo de Punta Carretas.

YSY A: el sismo del escenario 1
Pasadas las 19:30, el aire en el Escenario 1 cambió por completo. YSY A, el "dueño de la mansión", desplegó su habitual ritual de energía física. Fiel a su estilo de no dar respiro, el artista argentino transformó el pasto de la rambla en un epicentro de saltos que, como es costumbre en sus shows, se sintieron como un verdadero movimiento telúrico.

Divididos: La Aplanadora en su máximo esplendor
Casi en simultáneo, pero en el Escenario 2, Ricardo Mollo y su gente confirmaron por qué ostentan el título de "La Aplanadora del Rock". Fue el contrapunto perfecto al set urbano: guitarras con un audio impecable y una base rítmica que se sentía en el pecho. El grupo repasó clásicos que son parte del ADN rioplatense.

Ciro, Los Persas, Los Piojos y una Liendre
El clímax de la mística piojosa llegó cuando Ciro y los Persas se apoderaron del escenario principal, desplegando un set cargado de clásicos que transformó la Rambla en un solo coro gigante. La energía entre la banda y la multitud fue tan eléctrica y desbordante que el propio Ciro, visiblemente alucinado por la respuesta de los miles de fanáticos, decidió romper la barrera del escenario; en un gesto de pura entrega, bajó hasta las vallas para cantar y saludar mano a mano a un público que no paraba de ovacionarlo. Fue un momento de comunión absoluta, donde el líder de la aplanadora del rock rioplatense se fundió en un abrazo simbólico con Montevideo, sellando una de las postales más humanas y potentes de toda la jornada.


El regreso funk de Illya Kuryaki and the Valderramas
En el Escenario 1, el aire se llenó de groove. El regreso de Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur fue una de las apuestas más celebradas de esta edición. Con un set que pareció una clase magistral de funk y hip-hop, los Kuryaki hicieron que Montevideo bailara al ritmo de "Abarajame" y "Coolo". La precisión de su banda y la vigencia de su química vocal demostraron que el tiempo no ha pasado para ellos, manteniendo esa mezcla de sofisticación y calle que los hace únicos. La fosa se lleno de otros artistas venidos de los varios escenarios del festival en un momento poco protocolar y entreverado, pero parte de la mística espontánea del evento; y es que Illya es una banda legendaria, favorita de otros grandes músicos que bailaron en éxtasis durante la actuación de los Argentinos

El punk energético de Trotsky Vengarán
Mientras tanto, el Escenario Pilsen se convirtió en el santuario del punk local. La Trotsky fue la encargada de bajar la persiana de este escenario, y lo hizo de la única forma que sabe: con una descarga eléctrica sin respiros. Guillermo Peluffo, fiel a su rol de frontman explosivo, manejó a la masa a su antojo, generando uno de los pogos más grandes de la noche. Entre "Noche alucinante" y clásicos de siempre, la banda reafirmó su estatus de leyenda viva del rock nacional, dejando al público exhausto pero con la adrenalina por las nubes.

Un cierre de vuelo colectivo
Ya en el tramo final, la mística no decayó. El Plan de la Mariposa, con su propuesta psicodélica y festiva, recibió un refuerzo de lujo: Sebastián "Cebolla" Cebreiro. La voz rasgada del cantante de La Vela se acopló perfectamente a la energía coral de los hermanos Andersen, elevando la temperatura justo antes de que los últimos acordes de la noche se perdieran en el horizonte del mar.
El Cosquín Rock Uruguay cerró su edición 2026 reafirmando su identidad: un lugar donde los artistas no vienen solo a tocar sus temas, sino a encontrarse con el otro. La Rambla de Punta Carretas, hoy, duerme con el eco de una fiesta que volvió a confirmar que el rock, en estas orillas, está más vivo que nunca.
Muchas cosas más pasaron, miles de personas vibraron, más bandas tocaron, mas extremos se juntaron, desde Agarrate Catalina con el desfile de grandes músicos que los acompañaron, hasta la locura frenética e irreverente de los Tussiwarriors
El Cosquín, de la mano de sus organizadores y anfitriones como Sibyla Trabal y Christian Fraque y el resto de la tropa de Piano Piano, prometieron ser nuevamente el gran evento musical del año, y no defraudaron.











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