por Nicolás Raffo Menoni, desde Montevideo
Incluso tenemos ciudades como las de Uruguay que ya sobrepasan hoy el 95% de residentes urbanos por sobre los rurales.
Esta realidad indudablemente provoca un cambio de las infraestructuras urbanas necesarias. Incluso si sabemos que junto a este fenómeno de las poblaciones urbanas, también se está asistiendo a un envejecimiento poblacional que cambiará muchas reglas de juego.
Agregarle también a los fenómenos migratorios que se vienen dando en muchas regiones y que también generan su impacto para bien y para mal.
La accesibilidad y la inclusión pasan a formar parte de la discusión sobre las ciudades que se quieran, porque también la sostenibilidad depende de esos hechos puntuales.
Pero no pueden omitirse el acceso a la educación, la salud, el trabajo, el ocio y la cultura, el deporte, los espacios públicos de recreación, el transporte, el acceso a servicios básicos, la limpieza, la iluminación, el saneamiento y mucho más
Las ciudades son nucleadoras de gente y de la generación de riquezas, pero también son responsables de la generación de gran parte de la contaminación que afecta al planeta.
Ante estos hechos puntuales, no deberían de quedar dudas de que la urbanización requiere de una nueva mirada o al menos de una introspección en cuanto a las líneas de acción propuestas.
Las ciudades deben de ser para las personas y sobre todo ofrecerles seguridad, calidad de vida y bienestar, por sobre la masificación, aglomeraciones, la gentrificación, la inseguridad y la contaminación.
Las ciudades deben planificarse en su crecimiento y en cuanto a sus capacidades de carga. Ese sería el ideal, que raramente ocurre, salvo algunas excepciones.
El crecimiento de una ciudad se puede dar hacia arriba, en extensión o en una combinación de ambos. Pero es muy diferente si ese crecimiento se da planificado que si se deja libre al azar y a como se vayan dando las circunstancias.
Desde hace un tiempo ya asistimos al concepto de Ciudades Inteligentes, de Ciudades de 15 minutos y otras cuestiones más, que están fuertemente vinculadas a la utilización de herramientas tecnológicas para su gestión, pero que en muchos casos se olvidan del aspecto humano en general, y terminan siendo soluciones para unos pocos.
Cuando los crecimientos demográficos se dan en forma exponencial y sostenida, lo que termina pasando es que los cinturones o las zonas periféricas de esas ciudades terminan siendo donde se ubican la mayoría de las personas con menos recursos, y esa realidad lleva también a que esas áreas sean las que tienen menos servicios.
O sea que en definitiva, podríamos decir que terminan siendo los sectores “menos inteligentes”, por decirlo en base a la terminología actual utilizada.
¿Qué quiere decir eso?
Que las actuales concepciones de desarrollo urbanístico terminan siendo para unos pocos y no terminan de resolver las necesidades de la mayoría de la población y terminan en definitiva generando tensiones o problemáticas que las herramientas actuales no están pudiendo ser capaces de resolver.
Sumarle al punto anterior, que generalmente en aquellas ciudades donde las administraciones tienen menos recursos, menos capacidades de intervención, mucha burocratización de los proceso y más problemáticas sin resolver, se termina cayendo en ese círculo vicioso que genera más desigualdad.
Las teorías son perfectas, vislumbran soluciones casi mágicas, pero la realidad se traduce en ciudades o áreas metropolitanas donde se pueden definir grandes mapas de desigualdad entre sus residentes.
Como podrán imaginarse, el Turismo no es ajeno a esa realidad, porque el Turismo urbano es de los que más turistas convocan en la mayoría de los destinos. El uso del territorio se vuelve fundamental para el desarrollo de la actividad turística y si esos territorios presentan problemáticas y tensiones locales sin resolver, terminarán ineludiblemente impactando en el Turismo.
Si bien es cierto que el turista no se mueve en el 100% de un territorio y que generalmente se mueven en torno a lo que podríamos denominar como “islas” dentro de esos territorios, ese hecho puntual también genera aglomeraciones que terminan impactando en el desarrollo de la ciudad.
Podemos demostrar el punto anterior en fenómenos como la “masificación”, la “gentrificación” y la “turismofobia”, que son todos conceptos bastante modernos y que justamente coinciden con los desequilibrios asociados a estos aumentos de poblaciones urbanas a los que hacemos referencia en este desarrollo.
La planificación turística podría jugar un rol central que ayudase a ser parte de la solución, porque planificando el territorio, con sus productos y atractivos estratégicamente desarrollados y ubicados a nivel territorial, podrían ayudar en varios aspectos positivos como ser:
- Diversificar el territorio y su distribución.
- Ayudar a generar nuevos productos y servicios turísticos.
- Planificar y desarrollar los nuevos servicios necesarios para la actividad en lo que respecta a transporte, infraestructura, saneamiento y mucho más.
- Generar puestos laborales genuinos.
- Y generar ingreso de divisas a la economía local.
En estas condiciones, el Turismo si podría ser una actividad que genere desarrollo y derrama de divisas, porque previamente ha tenido un pienso y ha sido planificada, en el caso contrario se puede dar ese proceso, pero en formas desordenadas y que justamente pueden terminar siendo las no deseables para la actividad.
Podemos pensar las ciudades como sistemas que se desarrollan y se acomodan solos en los territorios de incidencia, o por el contrario podemos hacer un uso más razonable, planificado y deseado donde todos tenemos un rol que jugar.
La gobernanza como rectora y organizadora principal, los privados con su cuota de creatividad y emprendedurismo, la ciudadanía siendo partícipe de todo el proceso y la academia ayudando con la generación de diagnósticos y conocimientos que aporten a la temática.
Solo así lograremos poder tener ciudades más humanas, más vivibles, más justas, inclusivas y sostenibles; y solo en ese caso podremos hablar de ciudades verdaderamente inteligentes.
Portal de América

