Educación y turismo
Martes, 08 Junio 2021 12:48

Educación y turismo

En la Argentina tenemos una especial adicción por el conflicto y por nuestra incapacidad para relacionar los opuestos. Aunque parezca paradójico, los “opuestos” se deben saber relacionar. Si hacemos lo contrario caemos en el “antismo”, es decir uno u otro, y asi se construye la saga del fracaso.

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por Luis Alejandro Rizzi, desde Buenos Aires (Las empresas farmacéuticas fueron citadas por la Cámara de Diputados para que “expliquen” la cuestión de las vacunas, en verdad se debió haber citado a los funcionarios para que informen qué hicieron y qué dejaron de hacer. Todo al revés, asi nos va…)

“La peste”, como no podía ser de otro modo, también enfrentó a la educación con el turismo y todo con relación a los proyectos que comenzaron a tratarse por parte de los gobiernos provinciales y el nacional, para adelantar o atrasar las “vacaciones de invierno”, como consecuencia de la necesidad de disminuir la “circulación de personas” por la fuerza de esta nueva ola que ya no sabemos si es la segunda o la tercera.

Como solemos hacer cuando tenemos un problema, nos confundimos y los multiplicamos al infinito.

Este tema debe encuadrarse dentro de la “cuestión sanitaria” y en su perspectiva con el bien común.

Primero tendríamos que saber qué opinan los especialistas en sanidad sobre la necesidad de adelantar, postergar o alargar las “vacaciones de invierno” que tendrían como finalidad la restricción de la circulación de la gente como medida preventiva.

Luego analizar las consecuencias de esa medida en el conjunto de la sociedad y ver si el gobierno tiene los recursos necesarios para financiar las consecuencias de la decisión que se adopte.

Entre las consecuencias está el impacto de la decisión en el turismo como actividad económica para la industria, y de ocio para la gente.
Como lo pienso se trata de la necesidad de tener una visión integral que debe precisar cómo impactará en la promoción del bien común, finalidad de todo gobierno.

Mientras se discute esta cuestión desde puntos de vista estrictamente sectoriales, escuchamos decir que "ni la educación ni el turismo contagian” (sic), como si el contagio dependiera de tal o cual actividad. Luego otros dicen que tampoco contagia la actividad gastronómica, el deporte y asi podríamos designar mil actividades más.

El contagio es una trasmisión de una enfermedad, uso la expresión en su sentido más lato, que se produce por la cercanía personal. Según la enfermedad, dependerá la dimensión de la cercanía, algunas se transiten en la intimidad y otras en la distancia lo que dependerá del ambiente, que a su vez podrá ser cerrado con diferente volumen de ventilación o abierto.

Para prevenir los contagios existen diversos medios, uno típico es el preservativo para la prevención de la trasmisión de enfermedades sexuales, la vacuna, la distancia y el “bozal” para “la peste”, la adecuada higiene para la salud en sí, y diversos protocolos que se adoptan cuando una enfermedad se hace endémica, epidémica o pandémica.

Es obvio que ninguna medida de prevención tendrá un efecto absoluto y siempre será cuestión el enfermo vacunado, o aquel que vivió encerrado y se contagió, o el pasajero que subió sano a un medio de transporte y se bajó contagiado.

Estas “falencias” son propias de nuestra naturaleza, caso contrario seriamos inmortales.

Volviendo a esta dialéctica “Educación vs. Turismo”, lo peor que podemos hacer es tratar de pensar desde nuestra particularidad e interés.
Exagerando, que es un modo de ilustrar, podríamos decir que al turismo le interesaría que "todo el año fuera vacacional” y peticionar en esa dirección.

Las empresas fúnebres podrían decir que la vacunación podría generar una “epidemia de salud” lo que perjudicaría su actividad. Digo esto para que tomemos conciencia del nivel de disparate que tienen nuestros debates, que por eso resultan inútiles, aburridos y terminan generando odios.

No es una muestra de madurez enfrentar al turismo con la educación, tampoco ayuda para ver cómo se trata la cuestión y tampoco debemos caer en esa otra tentación de “recuperar el tiempo perdido.”

El “tiempo perdido” se perdió y punto. La cosa pasa por “no seguir perdiendo el tiempo”, a lo que los argentinos somos muy afectos.

La Argentina perdió tiempo con la cuarentena eterna que puso de manifiesto la falta de idoneidad de la sociedad para enfrentar la epidemia, tenemos la sensación que seguimos perdiendo el tiempo con el sistema de vacunación y la falta de relación entre las dosis, por ejemplo, tenemos muchas dosis de la primera de la “Sputnik” y pocas de la segunda.

Esto marca una falta de previsión por parte del comprador y cierto nivel de desaprensión por parte del proveedor. No se puede poner a la venta una vacuna cuando la segunda dosis tiene un nivel de producción inferior a la primera.

Nosotros,seguimos procrastinando un modo “culto” para disimular la “pérdida de tiempo”, y una forma es enfrentar “educación y turismo”, perderemos todos.

Toda decisión tiene un costo, la cosa es saber y poder asumirlo.

Portal de América

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