¿Y cómo sigue el turismo…?
Domingo, 04 Julio 2021 14:43

¿Y cómo sigue el turismo…?

Cuando me hacen esa pregunta, que también se extiende al transporte aéreo, siempre contesto con la misma respuesta, “no sé”. Luego aclaro, “podemos conjeturar”. Pues bien conjeturemos….

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por Luis Alejandro Rizzi, desde Buenos Aires, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

El primer paso de mis conjeturas, intenta ubicar el turismo en la trama de la vida, admitiendo que somos seres finitos, que enfrentamos riesgos desde que somos concebidos en el seno materno, que la mayoría de las veces nos equivocamos más de lo que acertamos, que en general creemos que se aprende mas del éxito que del fracaso cuando es al revés, que debemos siempre tener en cuenta que lo imprevisto-los cisnes negros o grises-no nos deberían sorprender, que los recursos son limitados, que el pasado o la historia a lo sumo nos enseñan lo que no debemos hacer, que existen el bien y el mal, que nunca debemos usar nuestros propios patrones de valoración sobre los otros,  que las cosas no sólo le pasan a los otros sino que también nos pasan a nosotros, y finalmente lo más perogrullesco, que existen las diferencias.

El turismo tiene dos caras, una es la del “ocio” como necesaria actividad recreativa del ser humano, y la otra la del negocio de los prestadores de los diferentes servicios que componen el turismo como actividad comercial.

Para ambas caras el marco político económico es decisivo. Para el “turista o viajero” porque necesitas dinero para “hacer turismo”, si no lo tiene, se deberá quedar en casa y buscar otro modo de recreación o de ocio. Para el “comerciante del turismo” porque necesita capital o financiamiento para poder participar de la oferta turística.

Los dos necesitan del mercado, uno para elegir, el otro para ser elegido. El equilibrio ideal se daría cuando la oferta y la demanda coinciden en su punto de mutua sostenibilidad, supuesto matemáticamente imposible.

Dejamos de lado el marketing y la distinción entre el turismo de exportación y de importación.

El turismo medido en cantidad de viajeros venía en crecimiento, y si bien comparto las críticas de nuestro amigo Miguel Acerenza a las estadísticas que se manejan, asumamos que en 2019 viajaron mil quinientos millones de personas y volaron cuatro mil quinientos millones.
España habría recibido más turistas que su población, como también le debe haber ocurrido a varios países, incluído el Uruguay en nuestra dolida América Latina que, digo de paso, si no debería buscar alternativas sin descuidar el turismo.

¿Esto fue bueno o malo? En mi opinión ni una cosa ni la otra, fue lo que pasó.

Lo que tendríamos que analizar son los resultados y la sostenibilidad de esos movimientos de personas, lo que no creo que haya sido objeto de estudio por parte de los “especialistas”. Cabe suponer que todos pensaban que esos números seguirían creciendo y ese “crecimiento” disimularía los errores y los abusos. Es un común error humano.

En 2018 se estimó en mil cuatrocientos millones los viajeros del turismo, en 2019 hubo un crecimiento del 8%, posiblemente para 2020 se estimaba otro 8/10%. Pero vino la “peste” y todo se fue al diablo.

En lo personal, nunca le encontré sustento al crecimiento de los pasajeros de avión y a los viajeros del turismo, sólo basta revisar mis columnas en el PDA bastante antes a la llegada de la peste, en varias de las cuales escribí bastante sobre lo ficticio de esos números, más allá de la verdad o no de las estimaciones.

En estos años quebraron operadores y líneas aéreas, y los balances que se pueden ver en Internet no entusiasmaban, aunque en varios casos los accionistas perciben o percibieron buenos dividendos, la cosa es saber cuándo entrar y cuándo salir.

Había una realidad, exceso de oferta y tarifas muy bajas, que no obstante permitían mantener a las empresas en “vuelo” mientras el flujo de fondos lo permitiera. Pero es obvio que se llegaría en algún momento a un punto de desequilibrio que le pondría fin a la habilidad financiera. Generalmente esos momentos no se pueden datar, pero llegan.

Digamos también que en muchos lugares del mundo y de América el turismo tuvo su cara inmobiliaria, en una gran mayoría financiada con dinero de dudoso origen. Recuerdo que un viejo periodista marplatense me decía que el 50% de la construcción en esa ciudad entre los 1950 y 1980 provenía de dinero “negro”.

El “turismo” de algún modo estaba subsidiado además por las bajas tarifas aéreas, que en muchos casos mantienen los valores nominales de 30/40 años atrás, o menores. Mientras que los precios de los servicios como mínimo se duplicaron.

Una tarifa de hotel que en 1980 rondaba los u$s 30/35 hoy están en los €250/300. Una comida en un lugar medio costaba u$s 40/50 por pareja, hoy la debemos estimar en el doble. Otros gastos se multiplicaron por 5 y hasta 10 veces más.

Días pasados me contaba un agente de viajes ya retirado, que entre 1970/1990 el costo del billete era el insumo más importante para decidir un viaje para lo que llamamos “clase media”. En esa época, me recordaba y además lo viví, el presupuesto promedio que uno estimaba para los gastos diarios oscilaba entre u$s 75/100 por día. Hoy la estimación mínima es de u$s 280/350.

En países como la Argentina, donde el tipo de cambio se sobrevaloraba para mantener el poder adquisitivo del salario, también jugaba como subsidio al turismo importador o emisivo. Esto explicaba nuestro consuetudinario déficit de la balanza del sector.

En Chile, por ejemplo, su tipo de cambio en los últimos 20 años se devaluó a lo sumo un 50%. En Argentina recordemos que en sólo 20 años se pasó de una paridad de 1 a1, a otra de 1 a 150,00. (sic)

Las tarifas aéreas parecería que están aumentando por la baja del movimiento turístico, y a su vez si persiste esa política, el transporte aéreo dejaría de subsidiar al “turismo”, lo que me hace presumir que el turismo de cabotaje y regional será el que tendrá un nivel razonable de demanda.

Me decían algunos agentes europeos que parecería que America Latina por varios años estará fuera del “menú” de destinos por la incertidumbre generada por los conflictos sociales en Chile en 2019, los actuales en Colombia y Ecuador, la situación en Brasil y la incógnita que genera Pedro Castillo en Perú. Asimismo, Venezuela es otro factor desestabilizador para el turismo de la región, de Argentina mejor callarse, no nos toman en serio, aunque paradojalmente se lo considera un país con paz social, como suele decirse condición necesaria, pero a la vez insuficiente…

A eso se suma la “peste”, que en esta región no parece que haya sido enfrentada con la suficiente idoneidad. Según algunas opiniones, deberán dejarse de lado las vacunas chinas por su baja efectividad, (la “Sinovac” tiene una eficacia de solo el 51% para la OMS), tal como lo dijo el Doctor Conrado Estol, actualmente varado en los EEUU como otros tantos cientos de argentinos.

Sin perjuicio de las diferentes particularidades, el “turismo” rumbeará en dirección a la sustentabilidad económica, lo mismo que el transporte aéreo., dentro de un muy frágil marco económico que es otra realidad que debe formar parte de nuestras “conjeturas”.

“La peste” parecería que se convertirá en una enfermedad endémica con la que habrá que convivir y habrá que perderle algo de miedo.
Los fallecidos en el mundo, a la fecha son más o menos cuatro millones de personas, sobre una población de siete mil seiscientos millones de habitantes. Los contagios totales están en los 183 millones. Recuerdo una vez más la gripe española contagió a un tercio de la humanidad hace cien años.

Esta “peste” del Covid-19 deja muchas dudas, y hay elementos de juicio para pensar de modo paranoico, con algún sentido de realidad.
La viróloga china Li-Meng Yan, que huyó en abril a EE.UU., se reafirmó en sus denuncias contra el régimen chino y el origen del nuevo coronavirus, al insistir en que fue creado en el laboratorio de Wuhan, ciudad donde se reportó el primer brote de COVID-19.

Es posible que China comienza a endurecer su discurso. Xi Jinping acaba de decir, según da cuenta el diario El País de España, “El pueblo chino nunca permitirá a ninguna fuerza extranjera hostigarnos, oprimirnos o esclavizarnos. ¡Quien sea que lo intente se encontrará un baño de sangre frente a la Gran Muralla de Acero construida por 1.400 millones de chinos!”, advirtió Xi a los países rivales, ante una nueva ronda de ovaciones desde la plaza.

Todo indicaría que se estaría preparando el escenario para una gran crisis de la deuda, como lo advierte Nouriel Roubini. La pandemia suma una deuda que equivale al 355% del PBI mundial, con tasas de interés muy bajas que preparará una burbuja que tendrá el efecto de los “agujeros negros”. También en el PDA escribí sobre esto. En definitiva, los endeudados somos todos nosotros y el costo será nuestro.

Dice Roubini: "Los niveles de deuda pública y privada (empresas sobre todo) se encuentran en máximos de las últimas décadas, mientras que la inflación empieza a asomar la cabeza, azuzada por unas políticas fiscales (siguen incrementando la deuda pública) y monetarias sin precedentes. Se está preparando el escenario para la madre de las crisis de la deuda estanflacionaria en los próximos años".

A modo de epítome y perdón por la extensión, en vez de preguntarnos cómo sigue el turismo, tendríamos que preguntarnos ¿Cómo seguimos nosotros?

Creo que esa es la pregunta, lo demás vendrá por añadidura como lo dicen las escrituras.

En la próxima entrega nos referiremos a la Argentina exclusivamente y lo digo con algo de ironía con los “protocolos”.

Un anticipo, en la Argentina el turismo es pecado mortal.

Portal de América

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