36 horas en Sarajevo
Miércoles, 09 Julio 2014 21:39

36 horas en Sarajevo
Medio día en Sarajevo. Almuecines llaman desde minaretes mientras las campanas de las iglesias hacen eco a lo largo de los Alpes Dináricos. Los tranvías pasan retumbando frente a los fumadores de narguile en los cafés. El clicclac de las mujeres chic se escucha sobre los callejones adoquinados. El carisma de la ciudad es indiscutido, pero el ajetreo oculta un pasado trágico.
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por Alex Crevar, The New York Times, Diario Perfil

En 1992, la capital de Bosnia-Herzegovina pasó de ser un faro de diversidad, con musulmanes, cristianos y judíos yugoslavos orando a metros de distancia unos de otros, a una ciudad sitiada durante casi cuatro años en la que perdieron la vida más de 11.000 personas. Pero mucho ha cambiado durante la última década. El espíritu creativo que sus habitantes lucharon para conservar es muy evidente en estos días. Los vecindarios, acunados en este valle que rodea el pie de las colinas, son fértiles terrenos empresariales.

Cafés, teatros, boutiques y restaurantes han brotado entre edificios en miles de estilos. La primera lección de la historia de Sarajevo empieza con una cena en 4 Sobe Gospode Safije, construida por un conde austríaco en una casa de 1910 -durante el Imperio de Habsburgo- para una mujer de la localidad que se llamaba Safija. Su amor transcultural era un tabú, pero este restaurante bosnio europeo, lleno de elementos de época, es uno de los mejores. Acompañe la ternera asada con una salsa de romero y anchoas (28 KM -marcos bosnios-, equivalentes a 20 dólares a un tipo de cambio de 1.4 marcos por dólar).

En el mismo vecindario, bajo el ex estadio olímpico, está el Sarajevski Ratni Teatar (el Teatro de la Guerra de Sarajevo), que presentó cientos de exhibiciones durante la guerra y se convirtió en un símbolo del desafío. El bar Zlatna Ribica (Pez Dorado) es el abrevadero más kitsch de Sarajevo. Durante el invierno, vale la pena el vino tinto con azúcar y especias (5 KM); en el verano, la sangría de la casa con naranjas y cerezas.

Para el desayuno, no debería perderse el típico café bosnio espumoso, servido en tarros de cobre. Y luego, el recorrido de The Times of Misfortune (54 KM) le ayudará a decodificar las complejas capas que conforman a Sarajevo, donde se ha izado siete veces una nueva bandera nacional en los últimos 150 años. Además de las panorámicas de la Fortaleza Blanca, se pasa por el Museo del Túnel, donde, en 1993, los ciudadanos escarbaron un pasaje subterráneo de 793 metros, la única esperanza de aprovisionamiento de la ciudad, aislada del mundo exterior durante la guerra de 1992-1995.

El principal paseo de compras de Sarajevo va desde Saraci, en el barrio otomano, hasta Ferhadija, en la zona de la era separatista. Allí, los artesanos esculpen, cosen y sueldan en negocios ocultos en callejones. El ADN creativo de Sarajevo puede verse en espacios de galería reacondicionados en toda la ciudad. Entre ellos, el Museo de Arte Contemporáneo Ars Aevi, que alberga obras de pesos pesados como Jannis Kounellis, Joseph Kosuth y Robert Kushner. Acomodada en un valle que corta un río y rodeada por cumbres, Sarajevo tiene una notable belleza natural. Hay agencias que proponen caminatas de tres horas (80 KM por persona) entre bosques de abetos, hacia la cima de Trebevic, una montaña de 1.627 metros. Tendrá vistas imponentes a la cadena de montañas que cobijó los Juegos Olímpicos de Inverno, en 1984. También conocerá mejor una de las ciudades más impactantes del mundo.

Portal de América - Fuente: turismo.perfil.com

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