Desde el 11 de setiembre de 2001, los aeropuertos se han convertido en espacios de alta sensibilidad y todos, quienes a ellos acudimos, ya sea para recibir o despedir a alguien, o bien partiendo o llegando nosotros mismos, debemos tener muy en claro que tenemos que llegar a ellos, dispuestos a observar todas y cada una de las reglamentaciones y requerimientos.
A nadie le importará si tenemos cara de terroristas o de buena gente y mucho menos, si lo que llevamos es un desodorante o un coctel molotov y si la regla dice que no se pueden llevar en el equipaje de mano, líquidos en mayor cantidad a los 100 ml, pues bien, no los llevemos, lo mismo que los alicates, las tijeras, las navajas de afeitar y todos los etcéteras que ya sabemos.
Si en algunos aeropuertos de la región no son tan estrictos y en otros si, dependerá de las autoridades de cada uno y del manejo que el personal afectado ponga de manifiesto en su gestión pero, a la altura de los acontecimientos que nos tocan vivir cotidianamente, o lo que es peor, ver por TV o en la web, o leer en los diarios y escuchar en la radio, los desastres que ocurren, preferimos sin dudar,a los controles estrictos que a los permisivos.
Después, entrar en disquisiciones, acerca de si el personal militar es atento o severo en demasía, ya es introducirse en el campo de la más clara subjetividad y en eso, va a ser muy difícil hallar un consenso.
Marcos Di Palma, el mediático piloto argentino, hace algún tiempo estuvo demorado en Panamá, por la policía local, porque bromeando, se le ocurrió resoponder, a la pregunta ¿qué lleva en esta bolsa?, "una bomba"...
Hay veces que uno debería ponerse en el lugar del otro, si lo hiciésemos más a menudo, nos ahorraríamos muchos dolores de cabeza, mucho tiempo y tanto estrés!!!
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