Ver o no Ver, dilema para Viajeros
Viernes, 12 Noviembre 2010
- Viajero que es lo que quieres?
- Yo quiero ver.
Este texto de Víctor Hugo resume un pensamiento bastante extendido en los viajeros de hoy y de siempre. Alguien nos enseñó que las tres palabras mágicas del turismo eran “siempre algo diferente” que nos parece más o menos lo mismo.
por Pedro Pausanias
Con ese criterio hemos realizado la mayor parte de nuestros viajes y hemos recomendado esa forma de viajar.
Así planeábamos los viajes, mirábamos los folletos de las agencias y decíamos: "en Roma hay cuatro visitas de la ciudad y un paseo a Tívoli y Villa d’Este, quedémonos cuatro días"; para tener medio de compras…era un criterio cualitativo, regido por el relojito de las Guías Michelin, que nos decía cuanto tiempo había que quedarse frente al Moisés de Miguel Ángel, en la tumba de Napoleón o en la Ciudad Prohibida de Pekín.
Contra esta forma de viajar se filmó : “Si es Martes es Bélgica”, una película bastante mala pero que “le puso las banderillas” a esta forma de viajar.
Yo pensaba que no estaba mal, me pasaba unas horas en Brujas, luego iba a Bruselas, me comía unos waffles y la Grand Place y ¿Qué más podía pedir?
De todos modos todavía me parece muy satisfactorio.
Estos días, viendo dos películas, Cartas a Julieta y Comer, Rezar y Besar me sembraron muchas dudas. Nunca había ido a Verona, porque no era “muy” recomendada por ninguna guía y ¡qué ciudad divina que me perdí!.
En la otra caminando por Roma Julia Roberts...¿Qué tal?, se paró a tomar agua en una centenaria fuentecita de la ciudad eterna, ¡qué envidia me dio! (de Julia Roberts y en el caso de la fuente también).
Nunca me había dado ese placer. Siempre corrí en Roma, del torso del Belvedere (Museo Vaticano) a la Plaza España, del Coliseo a la Fontana di Trevi, de la Villa Farnesia al café Il Greco y de ahí a la capillita Sancta Scala en la capillita Sancta Sanctorum.
Es cierto, no tuve esos gloriosos minutos tomando agua en la pequeña y anónima fuente romana, pero los hubiese cambiado por esos otros que pasé en Il Campidoglio, la obra humana más perfecta que vi en mi vida.
Ese es el dilema
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