La escasez de combustible se traduce siempre en precios más altos y estos en vuelos más costosos y esto en menos viajeros. Todo es una cadena. Algunos países lo tienen peor que otros, como el sudeste asiático y, entre ellos, Sri Lanka, que además no tiene divisas para pagar los costes. En Sri Lanka se raciona el combustible y los miércoles se han declarado festivos para no consumir lo que no está disponible.
Lo mismo ocurre en la pobre Filipinas. En Vietnam y Tailandia hay problemas de suministro. En la India las compañías auguran graves problemas y piden ya ayudas públicas. Hablan de una reducción inmediata de entre el 10 y el 15 por ciento de las operaciones.
Air New Zealand, que tiene su radio de operaciones en la región, ha cancelado poco más de mil vuelos hasta mayo porque no tiene el abastecimiento garantizado, además de que los precios se han disparado.
Pero la crisis se extiende a Occidente, donde ya comienzan los problemas. Además de la sueca SAS, que ha anunciado recortes, United, la compañía aérea más rentable de entre las más grandes, ha anunciado una fuerte cancelación de vuelos porque no puede afrontar los 11 billones de dólares que le va a suponer la nueva factura del combustible, con los aumentos que ya han llegado. Su primer ejecutivo, Scott Kirby, habla de cancelar el cinco por ciento de los vuelos. Y American dice que va por el mismo camino.
Y no hay visos de que esto acabe.
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