por Roberto Bennett
Además, destinos atractivos y competitivos con nuestros balnearios, tales como los situados en el Mar Caribe (Colombia, Centro América, Venezuela, Puerto Rico, Dominicana, Jamaica, Aruba y hasta me atrevo a decir que la misma Cuba, están comenzando a preocuparse por los efectos negativos que tienen sobre el turismo las medidas extremas que está implementando el presidente Donald Trump con su bloqueo militar por mar y aire. Es indudable que la presencia del portaviones Gerald Ford, el más grande del mundo, junto a submarinos nucleares, destructores y fragatas lanzamisiles y hasta los F-35, los aviones más letales que existen, espantan a muchos potenciales turistas. Las amenazas y bravuconadas de Trump, dirigidas a Maduro, declarando que va a derrocar al gobierno del dictador venezolano, tienen en estado de alerta a todas las naciones del Caribe. Incluso a Colombia, que últimamente ha recibido fuertes críticas de parte de los Estados Unidos.
Es difícil planificar viajes turísticos a la región, oyendo cada día una nueva amenaza de guerra. Este hecho perjudica seriamente a la industria del turismo caribeño, pero puede representar una oportunidad para los balnearios del Cono Sur del continente. Se podrá argumentar que la temperatura del agua y el clima más cálido es un plus para el Caribe, pero la presencia de la armada más poderosa del mundo navegando impune frente a esas costas, haciendo retumbar sus tambores de guerra, es un detalle como mínimo muy inquietante. Y esta amenaza incluye hasta una parte de la costa mejicana, porque la razón que da Trump para intervenir en esta región es la lucha contra el narcotráfico que va hacia los EE.UU.
Una situación bastante parecida está ocurriendo en los países bálticos. Por fin libres del yugo soviético, las tres pequeñas naciones (Lituania, Estonia y Letonia) han descubierto que son un destino turístico muy novedoso y atractivo, especialmente para los turistas provenientes de Europa Occidental y que arriban en buques de crucero. Además, en los últimos años, turistas de otras partes del mundo también han elegido esa región como su destino por descubrir. Pero lamentablemente, desde hace dos o tres años, debido a su proximidad con Rusia y Ucrania, la guerra de estas dos naciones comienza a afectarlos, especialmente por la amenaza rusa que parece querer recuperar esos territorios para reconstruir la vieja Rusia zarista. De hecho, ya ha habido sobrevuelos de aviones militares y drones sobre estos países, al punto que Lituania hace un mes realizó un ejercicio masivo con toda la población de Vilna, su capital, evacuando la ciudad y acomodando a sus ciudadanos en refugios fuera de la ciudad. Para ellos, el peligro de una invasión rusa es muy real y este hecho comienza a asustar a los potenciales turistas. Una sensación parecida afecta también a las otras dos repúblicas vecinas.
Este temor es compartido por las naciones que tienen fronteras con Rusia y por eso no es de extrañar que los visitantes a Polonia, Hungría, Eslovakia, la República Checa y hasta Alemania vean un despliegue de banderas ucranianas en los balcones de sus ciudades, como señal de su apoyo a un país que sufre la invasión de sus territorios por las tropas rusas. Incluso sus gobiernos están abiertamente suministrando pertrechos a Kiev. Esta situación, que ya lleva más de tres años, inhibe a muchos turistas extranjeros que de otra manera estarían planeando sus vacaciones en esa parte de Europa. Quizá los países cercanos a la zona de conflicto que aún no ven afectado su turismo sean Grecia, Eslovenia y Croacia, pero igualmente existe intranquilidad. Lo mismo que en Turquía y las naciones con costas en el Mar Negro.
Del Cercano Oriente mejor ni hablar, con los interminables combates entre Israel, Hamás y Hezbolah, y la constante amenaza de Irán. En esta zona es impensable aspirar a un muy necesario crecimiento. El turismo religioso ha sufrido un golpe brutal y le costará recuperar el número de visitantes que tenía hace un par de años.
Por lo tanto, las zonas adonde las guerras o la violencia civil no han afectado en demasía al turismo son Brasil y el Cono Sur de América. Y por supuesto el llamado Lejano Oriente.
Aunque por la distancia, estos son destinos caros, que requieren más días de licencia. China sigue atrayendo turistas en grandes cantidades y todo parece indicar que continuará su crecimiento, a pesar de sus crisis con Taiwán. Lo mismo que Japón, Vietnam, Tailandia, Camboya, la India y Corea del Sur. Esta última en constante tensión con su vecina Corea del Norte. Pero esa es otra historia, que se prolonga desde la década de los años cincuenta del siglo pasado y que no tiene miras de una rápida y permanente solución.
N.R.: Esta columna fue preparada en diciembre para publicar en la revista PDA Magazine
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