por Sergio Antonio Herrera, desde Punta del Este
En ese contexto, el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez de Lima ha comenzado a aplicar una tarifa que está generando debate en la región: la llamada TUUA de transferencia, es decir, una tasa que deben pagar los pasajeros que utilizan el aeropuerto únicamente para hacer conexión entre dos vuelos internacionales.
La lógica detrás de la medida es relativamente simple. El concesionario del aeropuerto sostiene que el pasajero en tránsito también utiliza las instalaciones: áreas de tránsito, controles de seguridad, sanitarios, salas de espera y otros servicios. Hasta ahora, ese pasajero no pagaba una tasa específica porque la tradicional tarifa de embarque solo la abonan quienes comienzan su viaje en el aeropuerto.
Por esa razón se decidió crear una tarifa específica para quienes conectan en Lima. El monto aprobado por el regulador peruano equivale a unos 10 dólares por pasajero en tránsito internacional. Con impuestos incluidos, el valor final ronda los 11,8 dólares.
A primera vista puede parecer una cifra menor. Sin embargo, en la aviación comercial cada dólar cuenta cuando se trata de competir entre aeropuertos que buscan consolidarse como hubs regionales.
El concepto de hub es clave. Un hub funciona como un gran nodo de conexiones: pasajeros que llegan desde distintos destinos son redistribuidos hacia otros puntos de la red. Gracias a ese modelo es posible sostener rutas que, de otra forma, no tendrían suficiente demanda directa.
Lima ha desarrollado durante los últimos años una estrategia clara para posicionarse como uno de los centros de conexión de América del Sur, especialmente para el tráfico entre el Cono Sur, Norteamérica y algunos destinos de Europa.
El problema es que ese posicionamiento se produce en un escenario competitivo. Aeropuertos como Panamá, Bogotá o Santiago también buscan captar pasajeros en tránsito. En ese juego, cualquier costo adicional puede inclinar decisiones operativas de las aerolíneas.
Si una conexión resulta más cara en un aeropuerto que en otro, las compañías pueden optar por rediseñar sus itinerarios y trasladar ese flujo de pasajeros hacia hubs alternativos. En la práctica, las redes aéreas se ajustan permanentemente en función de costos, tiempos de conexión y eficiencia operativa.
Por ahora no se ha producido una cancelación masiva de rutas atribuible exclusivamente a esta tasa. Sin embargo, sí ha generado preocupación en parte de la industria turística y aeronáutica peruana, que teme que el nuevo cargo reduzca el atractivo de Lima como punto de conexión.
El debate, en el fondo, refleja una tensión clásica en la gestión aeroportuaria: cómo financiar la infraestructura y los servicios sin perder competitividad frente a otros aeropuertos de la región.
Porque en el negocio de los hubs la pregunta nunca es solamente cuánto se cobra. La pregunta verdadera es cuánto puede cobrarse sin que el tráfico decida pasar por otro lado.

