El mundo está precioso para salir de vacaciones
Jueves, 29 Octubre 2026

El mundo está precioso para salir de vacaciones

¿Puede existir un contexto más complicado para el turismo que el actual? Sí, seguramente. La historia conoce escenarios peores. Aunque convengamos que el presente está haciendo méritos para no quedar fuera del podio.

por Sergio Antonio Herrera, desde Montevideo

Las guerras adquieren vocación de eternidad. En ciudades europeas, las imágenes de violencia callejera compiten con las postales que venden las oficinas de turismo. Brasil atraviesa elecciones capaces de convertir una sobremesa familiar en una frontera internacional. Milei consigue que hasta quienes ya creían haberlo visto todo esperen el próximo capítulo con el cinturón abrochado. María Corina Machado reaparece en Venezuela y la noticia obliga a preguntarse qué ocurrirá después. En Perú, el escrutinio parece dispuesto a convertirse en otro atractivo de larga duración.

Y nosotros ofreciendo vacaciones.

Hay algo admirable —y un poco delirante— en esta industria que, mientras el mundo discute cómo evitar el próximo desastre, sigue preguntando si la habitación tiene vista al mar.

Pero debajo de la ironía hay un problema serio. El turismo necesita confianza. Una familia puede tolerar que suba el hotel, que el avión salga más temprano o que el desayuno deje de estar incluido. Lo que difícilmente acepta es pagar por adelantado para incorporar incertidumbre a su descanso. Para eso ya tiene la vida cotidiana, sin gastos de cancelación.

Además, la inestabilidad no necesita ocurrir en el destino para perjudicarlo. Alcanza con que sacuda al país del que salen los turistas, altere sus ingresos, encarezca el transporte o les quite las ganas de comprometer dinero. Una elección brasileña o una sacudida argentina pueden hacerse sentir en una recepción uruguaya sin haber pedido habitación.

Aquí aparece nuestra oportunidad. También nuestra tentación de simplificarla.

Uruguay puede ofrecer una tranquilidad que adquiere valor en un mundo crispado. Pero sería bastante ingenuo sentarnos a esperar que el desorden ajeno nos llene los hoteles. La tranquilidad necesita conectividad, precios razonables, buenos servicios y una estrategia que permita venderla. De lo contrario, será una virtud muy apreciada por quienes nunca llegarán a conocernos.

El contexto exige estudiar mercados, anticipar cambios y entender al turista antes de imprimir el próximo folleto. Porque mientras nosotros diseñamos campañas, él está haciendo cuentas y mirando las noticias.

Quizá la pregunta ya no sea solamente adónde quiere viajar la gente, sino qué necesita sentir para decidirse a hacerlo.

Y ahí tenemos trabajo. Mucho más que en encontrar otro adjetivo para acompañar la palabra Uruguay.

 Portal de América

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