por Sergio Antonio Herrera, desde el hotel Altos del Calafate
El Calafate, Santa Cruz.
Comenzamos diciendo que no falló ni un minuto cada uno de los múltiples servicios que nos fueron proporcionados tanto en Ushuaia como en El Calafate. El operador receptivo en ambas ciudades fue el mismo: CRIOLLOS. Amabilidad, hospitalidad y profesionalismo en cada segmento del servicio. Para graficarlo, cuando telefónicamente les informamos que el día anterior al señalado para que ellos nos llevaran al Perito Moreno, habíamos sido invitados a ir al parque Los Glaciares (Upsala y Spegazzini) pero teníamos que pagar la entrada y la misma, si se usa dos días tiene un 50% el segundo día. De inmediato, nos enviaron a nuestro hotel el importe total de las entradas (incluidas en nuestro paquete) EN EFECTIVO.
Isla Martillo, Canal Beagle, Ushuaia
La calidad humana de los guías que nos tocaron, especializados en los parques (Tierra del Fuego en Ushuaia y Los Glaciares en El Calafate) rivalizaba seriamente con el conocimiento profesional o viceversa.
Parque Los Glaciares.
La calidad gastronómica y la atención de primerísimo nivel, con precios acordes y un detalle inolvidable: EL CORDERO PATAGÓNICO. Hasta venir a esta región creíamos que éramos muy buenos asando cordero… Ni principiantes. En “Mi Viejo” en el centro de Calafate no nos aguantamos y fuimos a pedirle al parrillero que nos confiara el secreto. “Sal y tres horas y media a cuatro horas en el asador” fue la sencilla respuesta. No hay dudas ( y no para justificarnos) que la enorme diferencia entre lo que comimos aquí y lo que comemos fuera de la Patagonia es el propio animal, el hábitat y su alimentación.
Nos quedó una asignatura pendiente: El Chaltén con su Fitz Roy. Habrá que retornar…
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