Natal: consejos, experiencias y todo lo que conviene saber antes de viajar
Viernes, 26 Junio 2026

Natal: consejos, experiencias y todo lo que conviene saber antes de viajar

Seguimos recorriendo el nordeste brasileño y hoy quiero hacer algo diferente. Más que mostrarles paisajes, quiero compartirles una experiencia de viaje. Es decir, aquellas cosas que normalmente uno descubre cuando ya está en destino y que casi nunca aparecen en los folletos turísticos.

por Sergio Antonio Herrera, desde Natal, Brasil

Porque viajar no es solamente conocer lugares. También es elegir bien dónde alojarse, saber cómo moverse, cuánto cuestan realmente las cosas, qué errores conviene evitar y cuáles son esas pequeñas recomendaciones que terminan haciendo la diferencia.

Nuestro ingreso a Brasil fue por Río de Janeiro

En esta oportunidad decidimos alojarnos en Barra de Tijuca. Muchos nos preguntaron si era una buena elección y, después de haber estado allí varios días, la respuesta es bastante clara: depende de lo que uno vaya a hacer.

Si el objetivo es disfrutar exclusivamente de la playa durante el verano, probablemente sí.

Pero si la intención es recorrer Río de Janeiro, visitar el Cristo Redentor, el Pan de Azúcar, Copacabana, Ipanema, el Centro Histórico o Santa Teresa, definitivamente no.

Nosotros, además, elegimos un hotel que terminó estando lejos absolutamente de todo. No estaba cerca de la playa, tampoco de los grandes shoppings, ni del centro histórico ni de los principales atractivos turísticos.

Eso significó utilizar Uber permanentemente.

Y aquí aparece el primer consejo

Uber funciona extraordinariamente bien en Brasil. Es rápido, seguro y muchísimo más económico que el taxi. Para que tengan una idea, desde Barra de Tijuca hasta prácticamente cualquiera de los puntos turísticos de Río pagábamos entre 60 y 70 reales.

Pero un día, al terminar el Free Walking Tour por el centro histórico, decidimos tomar un taxi.  La sorpresa fue enorme. Doscientos sesenta reales. Exactamente el mismo importe que habíamos pagado desde el aeropuerto Galeão hasta el hotel. Es decir, cuatro veces más caro que Uber.

Moraleja: en Río de Janeiro, salvo una emergencia, utilicen Uber.

Hay otra particularidad que nos llamó muchísimo la atención.

Brasil prácticamente dejó de utilizar efectivo. Todo funciona con PIX. En cualquier comercio, grande o pequeño, aparece inmediatamente un código QR.  Hasta en los lugares más alejados del circuito turístico.

Nos ocurrió varias veces intentar pagar con un billete de cien reales y recibir siempre la misma respuesta: "No tenemos cambio."  Es evidente que el país decidió apostar definitivamente por el pago electrónico.

Y hablando de dinero

Cuando planificamos este viaje, algunos meses atrás, los precios eran bastante diferentes. Hoy la comida resulta apenas un poco más económica que en Uruguay. No existe aquella enorme diferencia que muchos todavía imaginan.  Lo que sí continúa siendo muy conveniente es el transporte mediante aplicaciones.

Otro aspecto inevitable cuando se habla de Brasil es la seguridad.

No vivimos ninguna situación grave. Pero sí notamos que hay zonas donde conviene extremar los cuidados. Especialmente durante la noche.  En algunos sectores de Lapa el ambiente cambió completamente cuando cayó el sol y decidimos retirarnos antes de tiempo.

No hay que vivir con miedo.  Simplemente viajar con sentido común.

Después de Río llegamos al nordeste brasileño

Y aquí comienza otro Brasil.  Un Brasil mucho más tranquilo. Más relajado. Más cálido. Con otro ritmo de vida.

Nuestra base fue Natal. Más precisamente Ponta Negra.  Nos alojamos en el SERHS Natal Grand Hotel.

Y aquí también quiero hacer un comentario absolutamente sincero.

Arquitectónicamente es un hotel espectacular. Muy original. Como fue construido sobre una barranca, uno ingresa por lo que sería el cuarto piso. Las habitaciones estaban en el tercero. El desayuno se sirve en el segundo. Y las piscinas junto con la salida directa a la playa están en el primero.

Todo muy bien pensado.

Sin embargo...

El servicio deja bastante que desear. Y me parece importante decirlo porque también forma parte de la experiencia periodística. El check-in demoró más de media hora por persona.  Algo realmente difícil de entender.

No existe un mostrador tradicional de recepción. Todo funciona mediante escritorios.  Y el sistema resulta bastante lento.

Lo más llamativo ocurrió el día de nuestra partida.

Ya habíamos realizado el check-out. Nos quedaba aproximadamente una hora hasta salir rumbo a Pipa. Decidimos almorzar algo liviano. Un sándwich. Una ensalada. Cualquier cosa.

La respuesta fue sorprendente: "No aceptamos efectivo." "Tampoco tarjeta." "Tampoco PIX." "Primero deben volver a recepción para abrir una cuenta."

Cuando estábamos haciendo ese trámite nos avisaron que el tiempo mínimo para traer un simple sándwich era de cuarenta minutos.

Resultado. Nos fuimos sin almorzar. Seguramente el sistema responde a controles internos del hotel. Pero desde el punto de vista del cliente resulta muy poco amigable.

Y el turismo vive justamente de eso. Del servicio. Porque un hotel cinco estrellas no solamente debe parecer cinco estrellas. Tiene que atender como un cinco estrellas.

Por suerte, inmediatamente llegó uno de los mejores momentos del viaje. La excursión hacia la costa norte.

Y aquí sí aparece uno de los grandes imperdibles de Natal. Todo el recorrido se realiza en los tradicionales buggys. Nos tocó uno conducido por Gilson. Un personaje extraordinario. Con una simpatía permanente. Pero además con una máquina impresionante. Motor Volkswagen 1600.  Construcción artesanal realizada en Natal.

Según nos explicó, un vehículo de esas características cuesta aproximadamente treinta mil dólares. Lo realmente sorprendente no era la velocidad. Era la estabilidad.  La suspensión.  La capacidad para desplazarse sobre las dunas prácticamente sin disminuir la marcha.  Una experiencia realmente espectacular.

También nos contó algo muy interesante.  Conseguir la licencia para conducir estos buggys turísticos no es sencillo.  Hace más de diez años que no se habilitan nuevos cursos.  Eso significa que prácticamente no aparecen nuevos competidores.  Y también explica por qué quienes hoy trabajan en esta actividad tienen muchísimo valor profesional.

El paseo comienza en Genipabu.  Probablemente el paisaje más famoso de Río Grande do Norte. Las enormes dunas parecen moverse permanentemente.  El viento modifica el paisaje todos los días. Es un escenario natural impresionante.

Luego llega otro momento muy pintoresco.  La balsa sobre el río Ceará-Mirim.  En pocos minutos uno cambia completamente de paisaje.  Cruza hacia Barra do Rio.  Y continúa rumbo a Porto Mirim pasando por Pitangui.

Cada parada tiene su personalidad: playas: lagunas; pescadores; pequeños restaurantes. Todo muy auténtico.

Después llega Jacumã. El lugar donde aparece la adrenalina. La famosa tirolesa. Muchos terminan directamente dentro de la laguna. Y quienes no se animan igualmente disfrutan de una vista extraordinaria desde lo alto.

El almuerzo buffet se sirve frente al mar, en Porto Mirim. Muy abundante. Muy bien presentado. Y con un precio de alrededor de ciento diez reales.

Ahora bien...  Quiero detenerme un minuto en algo que seguramente llamará la atención de muchos uruguayos.  El paseo cuesta ochocientos reales por buggy, que lleva hasta cuatro personas. Pero además... nos cobraron dos tasas turísticas. Sí, dos, sesenta reales cada una. Y hago esta observación porque muchas veces escuchamos enormes críticas cuando en Uruguay se habla de tasas turísticas.

Pues bien. Brasil también las cobra. Y el turista las paga naturalmente porque entiende que forman parte del funcionamiento del destino.

Al día siguiente decidimos recorrer Ponta Negra caminando.

Y aquí aparece otra cara completamente distinta de Natal. Es el principal barrio turístico, con hoteles, restaurantes, bares, cafeterías, agencias, comercios.
Muchísima actividad. También los tradicionales mercados de artesanías. Vale la pena recorrerlos con tiempo, y no solamente para comprar algún recuerdo, sino para conocer parte de la identidad cultural del estado de Río Grande do Norte.

Y naturalmente llegamos al lugar más fotografiado de Natal.

El Morro do Careca. Una inmensa duna de aproximadamente ciento veinte metros de altura. Durante muchos años podía subirse caminando, pero hoy ya no, pues la decisión fue preservar el ecosistema. 
Y sinceramente creo que fue acertada, porque gracias a esa medida hoy continúa siendo una postal prácticamente intacta.

Frente al Morro do Careca uno entiende perfectamente por qué Natal se convirtió en uno de los destinos turísticos más importantes del nordeste brasileño: mar; arena; vegetación; y esa enorme duna que parece surgir directamente desde el océano. Simplemente espectacular.

Después regresamos al hotel para preparar la siguiente etapa del viaje.

Porque la aventura continúa. Tomamos una van rumbo a Pipa, cuatro personas, cuatrocientos reales.

Aunque si llevan poco equipaje también pueden hacerlo perfectamente en taxi, que cuesta aproximadamente doscientos cincuenta reales.

Y créanme...

Pipa merece un programa entero. Porque allí encontramos probablemente uno de los destinos más encantadores de todo el nordeste brasileño. Eso será el próximo lunes. Pero ahora, les damos un adelanto.

Aquí, en Portal de América.

Y naturalmente...

En El Diario del Lunes.

Portal de América

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