Pipa: donde el mar marca el ritmo de cada jornada
Miércoles, 01 Julio 2026

Pipa: donde el mar marca el ritmo de cada jornada

Después de aproximadamente dos horas de viaje por carretera desde Natal llegamos a Pipa, uno de los destinos más conocidos del litoral de Rio Grande do Norte. Integrante del municipio de Tibau do Sul, a unos 85 kilómetros al sur de la capital estadual, este antiguo pueblo de pescadores, que hoy cuenta con unos 5.000 habitantes permanentes, recibe cada año miles de turistas brasileños y extranjeros que han transformado al balneario en uno de los puntos más visitados del nordeste brasileño.

por Sergio Antonio Herrera, desde Pipa, Rio Grande do Norte, Brasil

Nuestra primera actividad fue recorrer caminando la playa del centro, donde inmediatamente se percibe una de las principales características de Pipa: la influencia de las mareas. Aquí el mar cambia completamente el paisaje cada seis horas aproximadamente. Durante la bajamar aparecen amplias franjas de arena que permiten caminar entre varias playas, mientras que con la pleamar el agua llega prácticamente hasta los acantilados, obligando a utilizar los accesos superiores por calles y escaleras.

Esa dinámica determina buena parte de la vida turística del destino. Las caminatas por la costa, muchas excursiones e incluso el acceso a playas como Praia do Amor o Baía dos Golfinhos dependen del horario de la marea. Por eso, una de las primeras recomendaciones para cualquier visitante es consultar diariamente la tabla de mareas antes de planificar el recorrido.

Precisamente desde esa playa del centro dejamos reservado el paseo en lancha que realizaríamos al día siguiente, navegando frente a cuatro de las principales playas de Pipa, una de las excursiones más buscadas por quienes llegan a este rincón del nordeste brasileño.

Luego nos internamos en la Avenida Baía dos Golfinhos, la principal arteria comercial del balneario. Restaurantes, bares, cafeterías, tiendas y hoteles generan un ambiente muy animado durante todo el día y especialmente por la noche. La oferta gastronómica es amplísima, con cocina brasileña, pescados y mariscos, parrillas, comida italiana, japonesa, mexicana y muchas otras propuestas internacionales.

Un detalle que llamó especialmente nuestra atención fue la enorme presencia de jóvenes argentinos trabajando en restaurantes, bares y hoteles. Son muchísimos los que encontraron aquí una oportunidad laboral vinculada al turismo, aportando un ambiente multicultural que ya forma parte de la identidad de Pipa.

La caminata continuó hasta el Chapadão, uno de los grandes balcones naturales de esta costa, desde donde los acantilados rojizos ofrecen una espectacular vista panorámica del Atlántico. Desde allí descendimos hasta la Praia do Amor, famosa tanto por la forma de corazón que adopta vista desde lo alto como por sus olas, que la convierten en uno de los puntos preferidos por los surfistas.

El regreso caminando hacia el centro completó una primera jornada que permitió descubrir la esencia de Pipa: naturaleza, playas de extraordinaria belleza, una intensa vida gastronómica y un ritmo cotidiano que, más que el reloj, lo marca el movimiento permanente del mar. El paseo en lancha reservado para la mañana siguiente prometía ofrecer ahora esa misma postal, pero desde una perspectiva completamente diferente: la del océano.

Portal de Amèrica

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