Qué ver en Medellín, la nueva meca gastronómica y cultural de Latinoamérica
Jueves, 01 Octubre 2026

Qué ver en Medellín, la nueva meca gastronómica y cultural de Latinoamérica

Nos adentramos en esta urbe de ritmo vertiginoso y fogones de vanguardia para intentar descifrar el irreprimible deseo de querer quedarnos para siempre.

por Ana María Pareja, Condé Nast Traveler

Huele a montaña, a una extraña humedad perfumada, miles de luces que emanan las casas a lo lejos hacen de la tierra un cielo estrellado y cuando bajo el vidrio del coche una bocanada de aire fresco que cala sin filtro hasta el último espacio del cuerpo me da la bienvenida a Medellín, la nueva meca gastronómica de Latinoamérica y actualmente uno de los destinos turísticos con mayor relevancia en el mundo.

Esta ciudad tiene un magnetismo tan singular que duele lo mismo que dejar atrás un amor cuando finalmente te alejas de ella y la ves desvanecerse entre los cerros y la bruma de sus nubes desde el avión. Sus calles de gran metrópoli son vibrantes, serpenteantes, de vasta vegetación y de un ritmo vertiginoso, y su gente es servicial y de un acento arrastrado y contagioso que enamora (si, ya me pasó).

Pero hay algo más palpitando bajo el encanto de su frescura y sus lomas empinadas: un rumor de especias y leña que se ha ido cocinando a fuego lento entre sus laderas. No es al azar que, esta misma cabecera, recientemente la haya elegido destino ineludible. La ciudad ha transmutado dejando atrás un pasado violento y es hoy, por derecho propio, la nueva meca gastronómica y cultural de Latinoamérica. Acompáñame a explorar como un local la ciudad de la florecida y eterna primavera.

Qué hacer

Para entender el milagro de esta tierra y su transformación, hay que peregrinar primero por sus cicatrices, y hacia allá voy. Hubo un tiempo en que las laderas de la Comuna 13 eran el epicentro de la inseguridad y uno de los lugares más peligrosos de Colombia. Hoy, caminar por este rincón de la montaña es ser testigo de la transformación que ha tenido esta urbe. Subo sus lomas empinadas en las surrealistas escaleras eléctricas que cortan el barrio como una de sus tantas quebradas.

En esta zona vibrante y llena de gente la violencia fue desterrada por los muros con grafitis, por las esquinas que vibran al ritmo del hip-hop y el reggaetón, por el sinfín de negocios donde podrás probar comida local, por los puestos en donde te ofrecen desde los más clásicos hasta los más ingeniosos cocteles, por las espontaneas presentaciones al aire libre y por los puestos de comerciantes que venden todo tipo de curiosidades y chucherías. Un plan para no perderse.

Para movernos y seguir descubriendo Medellín, no hay nada mejor que su metro. A diferencia de otros en el mundo, aquí el sistema es elevado, lo que, sin miedo a equivocarme, te dará una de las mejores y auténticas panorámicas de la ciudad. A pesar de haber cumplido ya tres décadas de funcionamiento, te sorprenderá lo inmaculado que se mantiene y es por sí misma una muestra fiel del profundo sentido de pertenencia y el orgullo visceral que el paisa (como se le conoce al local) siente por esta tierra.

Además de eso, tomando el metro es la mejor forma de llegar al centro, en donde las monumentales esculturas de bronce de Fernando Botero vigilan la plaza con su quietud desproporcionada y escoltan, por un lado, el majestuoso Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe y por el otro, el Museo de Antioquia. Esta postal no la dejes escapar.

En contraste, más hacia el sur nos encontramos con el Museo de Arte Moderno de Medellín, que late dentro de una antigua siderúrgica de acero en Ciudad del Río y que alberga salas de cine independiente, terrazas al aire libre y la colección más importante de la transgresora artista antioqueña Débora Arango. Recomiendo no dejar de visitar su tienda, estoy seguro de que ahí encontrarás el suvenir perfecto y para nada cliché.

Más entrada la noche los barrios se convierten en las arterias palpitantes de fiestas bulliciosas donde se mezcla todo tipo de música y gente de todas partes. El ambiente es otra cosa. En sectores como El Poblado, con las calles arboladas de Provenza a la cabeza y el efervescente barrio de Laureles, las casonas de antaño han cedido su espacio a terrazas iluminadas, bares de coctelería de autor y cocinas clandestinas.

Medellín se ha consolidado, además, como un importante epicentro de la industria de la moda colombiana, cuyos diseños y técnicas se han popularizado en todo el mundo gracias a nombres como los de Johanna Ortiz, Silvia Tcherassi y Manuela Álvarez, por nombrar solo algunos. Es allí donde se celebra anualmente Colombiamoda, la semana de la moda más importante del país y uno de los encuentros de este tipo más relevantes de Latinoamérica. Por eso, recomiendo una parada obligatoria en Makeno, una concept store donde confluye una exquisita selección del diseño de autor colombiano. También hay otras tiendas de marcas y diseñadores como NNT Lab, Andrés Pajón, Undergold y la multimarca Malva.

Si te da el tiro y quieres escapar un poco del bullicio de la ciudad, a un par de horas encontrarás dos planes ineludibles. Por un lado, encontrarás la Piedra del Peñol, en Guatapé, un monolito colosal que te recompensará la subida de los setecientos escalones con una vista surreal de aguas diáfanas que contrastan con el verde vívido de sus montañas e islas.

También puedes encontrar el frío de la montaña en las fincas de Santa Elena, cuyos cultivos de dalias y hortensias perfuman el aire que nos cala a los pulmones. Este es el lugar donde las familias campesinas hacen a mano las tradicionales silletas de madera que protagonizan la icónica Feria de las Flores cada agosto.

Dónde comer

Esta ciudad tiene una gastronomía tan extensa y casi que infinita que cuesta realmente decidir a dónde ir. Por la mañana puedes comenzar el día tomándote un buen café en Pergamino o pasar por La Miguería por su famoso pan de chocolate. O si buscas un ambiente más reposado para un desayuno o un brunch largo, Ganso & Castor o Al Alma nunca fallan.

Para el almuerzo, recomiendo adentrarte en los sabores tradicionales. Haz una parada en clásicos indiscutibles como Asados Doña Rosa o El Rancherito. Pide sin miedo a exagerar una auténtica bandeja paisa, que incluye chicharrón, fríjoles, carne molida, plátano maduro, aguacate y, por supuesto, una buena arepa paisa; o también una cazuela de frijoles o lentejas con chicharrón (mi favorito, he de confesar).

Si luego del banquete el cuerpo te pide dulce para mitigar la modorra post almuerzo, lo mejor es que vayas por un helado a Amor-acuyá. Sus creaciones artesanales han sido galardonadas en el Gelato Festival World Masters, coronándose entre los mejores del mundo.

La cena es la mejor excusa para probar los mejores restaurantes de esta ciudad. Te sugiero reservar en X.O., un laboratorio culinario fascinante y recurrente en las listas de los mejores de Latinoamérica que explora de una manera auténtica la despensa colombiana. Su menú degustación transforma ingredientes endémicos, traídos directamente de la selva, el páramo y el mar por comunidades locales en platillos que te vuelan la cabeza, no solo por esa mezcla de sabores y saberes, sino también por el meticuloso emplatado.

Otra parada obligatoria es el restaurante Carmen, pionero indiscutible en transformar los ingredientes locales en platos de una elegancia superlativa. Su propuesta es un homenaje a la biodiversidad del país servido en un ambiente impecable. No dejes de probar el coctel B.C.E, hecho a base de mezcal, tequila, tamarindo, licor de limón, panela y sal de hormigas limonarias.

Por otro lado, en El Cielo, del chef Juan Manuel Barrientos, cuyas sedes internacionales ya presumen de estrellas, el acto de comer es una especie de ceremonia teatral de vanguardia. Desde el icónico momento en que te lavan las manos con chocolate fundido, hasta la decena de pasos que componen su menú degustación, la experiencia apela a la memoria, a la neurociencia y al realismo mágico puro nacido en este país.

Dónde dormir

Consecuente al crecimiento de la escena gastronómica y cultural, la propuesta hotelera en Medellín está teniendo un auge acelerado, con proyectos tanto independientes como de grandes cadenas inaugurando por doquier. En esta oportunidad que visito la ciudad y escribo estas líneas, me hospedo en el 23 Hotel, ubicado en el corazón del barrio El Poblado.

El edificio es protagonista por un diseño y una arquitectura que integran la naturaleza en su estructura, cuya fachada cubierta de vegetación resalta entre las calles del barrio. Desde el momento en que entras, el lugar se siente auténtico y sumamente íntimo. El personal es cálido y relajado y su vestíbulo está marcado por su exquisito interiorismo, también adornado con plantas, y una escalera ondulante que conecta con los pisos superiores.

Las mañanas comienzan con el desayuno en Cala Roca, su restaurante de ambiente tropical al aire libre, en donde arrancas el día con uno de sus jugos y batidos y su variado desayuno a la carta. Para la tarde, el plan obligatorio es subir a La Terraza del Sol, un área provista de bar y piscina que mantiene un ambiente relajado, perfecto para tomar algo mientras disfrutas de una espectacular vista panorámica de toda la ciudad.

Yo ya dejé de contar las veces que he ido a Medellín, pero siempre llego a la conclusión de que nunca bastarán los días que esté, sean cuantos sean, porque esta ciudad tiene la buena costumbre de atraparte como un vórtice. ¿Y si pierdo el vuelo? ¿Y si me quedo más tiempo? ¿Y si es para toda la vida?

Portal de América

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