La tabla de Top 10 países por llegadas vs. gasto confirma algo que en nuestra industria sabemos hace tiempo, pero que muchos destinos todavía se resisten a aceptar:
- el crecimiento real no lo da el ocio por sí solo.
- Francia lidera en visitantes.
- Estados Unidos lidera —por lejos— en ingresos.
Y no es casualidad que Estados Unidos sea, año tras año, el destino número uno del mundo en captación de eventos del espectro MICE, ni que cerca del 36% de sus ingresos turísticos anuales provengan directamente de nuestra industria.
Eso no ocurre por azar.
Ocurre por diseño.
Los países que lideran en gasto entendieron que el turismo funciona mejor cuando sirve a múltiples propósitos:
ocio + negocios + educación + congresos + grandes eventos + visitas recurrentes.
En ese ecosistema, el viajero MICE cumple un rol central:
- mayor gasto diario
- estadías más largas
- planificación anticipada
- repetición en el tiempo
- y, sobre todo, decisiones basadas en confianza
Cuando hablamos de turistas especializados, hablamos también —y especialmente— del MICE.
Sin embargo, en demasiados destinos este producto:
- se subestima
- se financia de forma errática
- se gestiona sin visión de largo plazo
- o directamente se cuestiona su existencia institucional
Y acá viene una reflexión incómoda para América Latina:
Debemos dejar de cuestionarnos estructuras como los Convention Bureaus y empezar a preguntarnos algo mucho más relevante:
¿les estamos dando los recursos, la profesionalización y la continuidad que este negocio exige?
Porque el nuestro no es un negocio transaccional.
Es un negocio de confianza, de relaciones a largo plazo, de reputación construida evento a evento, año tras año.
No se gana un congreso o evento corporativo con improvisación.
No se sostiene un pipeline con equipos inestables.
No se compite globalmente sin excelencia técnica.
El ocio es importante.
Pero el leisure por sí solo no sostiene el crecimiento en divisas, empleo calificado ni desarrollo territorial.
Eso lo hacen los sistemas.
Eso lo hace la industria de reuniones cuando se la entiende, se la respeta y se la gestiona como lo que es: una inversión estratégica.
La lección es clara:
crecer sin capturar valor es frágil.
Y ningún destino se desarrolla de verdad sin una apuesta seria por el MICE.
Ahora la pregunta es para vos que estás leyendo:
¿tu destino está construyendo valor… o solo contando llegadas?
Si sos un defensor de nuestra industria ojalá esta reflexión te sirva.

