Cinco décadas construyendo un legado
Jueves, 23 Julio 2026

Cinco décadas construyendo un legado

“Las empresas no se heredan. Se merecen”. Sin decirlo exactamente con esas palabras, esa parece ser la filosofía que atraviesa la conversación entre Fernando Chainca Márques y su hijo, Fernando Chainca Fuentes. Uno recuerda los comienzos, cuando el trabajo era la única garantía de futuro. El otro cuenta cómo recorrió cada escalón de la organización antes de asumir la responsabilidad de conducirla. Entre ambos construyen una historia que explica por qué Turismar llegó a cumplir cincuenta años.

 

Hay historias empresariales que comien- zan con un gran capital. Otras, con una idea revolucionaria. La de Turismar co- menzó, simplemente, con ganas de tra- bajar. Fernando padre recuerda aquellos pri- meros años sin nostalgia, pero con la serenidad de quien sabe que cada paso dado fue necesario para llegar hasta aquí. No hubo atajos ni golpes de suerte. Hubo sacrificio, jornadas interminables y la convicción de que el prestigio se construía cumpliendo con la palabra empeñada. En aquellos tiempos, el trabajo no cono- cía horarios. Si había que manejar, se ma- nejaba. Si había que reparar, se reparaba. 12Entrevista Si había que salir a resolver un problema en la ruta, allí se estaba.

La empresa era demasiado pequeña como para permi- tirse especializaciones. Todos hacían de todo. Entre esos recuerdos aparece una imagen que resume toda una época: el tractor. Mucho antes de pensar en una empre- sa de transporte consolidada, el trabajo rural y las tareas de campaña formaban parte de la vida cotidiana. Aquella cultura del esfuerzo terminaría convirtiéndose en la identidad de una empresa que nunca dejó de valorar el trabajo como su princi- pal patrimonio. Mientras Fernando padre reconstruye aquellos años fundacionales, Fernando hijo escucha, completa algún recuerdo y aporta la mirada de una generación diferente. No habla desde un escritorio. Habla desde la experiencia de haber recorrido el mismo camino que antes recorrieron tantos trabajadores de la empresa. Su historia no empezó en la gerencia ge- neral. Empezó mucho más abajo. Lavó coches, colaboró en los talleres, cargó equipajes, trabajó en distintas áreas operativas y fue conociendo el funcio- namiento de la empresa desde adentro. Antes de dirigir, aprendió cómo trabaja- ba cada uno de quienes hoy integran el equipo.

Esa experiencia terminó convirtiéndose en una de sus principales fortalezas. “No se puede conducir una empresa si no se conoce el trabajo de la gen- te”, transmite con naturalidad al recordar ese proceso de aprendizaje. No hay en sus palabras ninguna intención de construir una épica personal. Al contrario. Habla de un recorrido que, para él, era simplemen- te el que correspondía hacer. Fernando padre asiente. Nunca aparece la sensación de haber preparado un suce- sor por obligación. Más bien se percibe la tranquilidad de quien fue viendo crecer, paso a paso, a alguien dispuesto a asumir responsabilidades sin reclamar privilegios. La conversación transcurre sin solemni- dad. Hay anécdotas, recuerdos comparti- dos, alguna sonrisa y muchas coinciden- cias. No hace falta que uno complete las frases del otro. Se nota que hablan desde una historia común. En varios momentos queda claro que el mayor patrimonio de Turismar nunca fueron los ómnibus. Fue la confianza. La confianza de los pasajeros. La de los trabajadores. La de los proveedores. La de los pueblos donde la empresa fue creciendo junto a sus comunidades. Y esa confianza, coinciden ambos, se construye todos los días. No alcanza con 13Entrevista haber hecho bien las cosas durante mu- chos años. Hay que volver a ganársela cada mañana.

Mientras Fernando padre recuerda las dificultades de los comienzos, Fernando hijo mira inevitablemente hacia adelante. Sabe que conducir una empresa de trans- porte en el siglo XXI plantea desafíos muy diferentes a los de hace cincuenta años. La tecnología cambia, las exigencias de los pasajeros evolucionan y la gestión re- quiere herramientas impensadas para quienes iniciaron este camino. Pero hay algo que, entiende, no debería modificarse nunca. Los valores. Porque las empresas pueden renovar sus flotas, incorporar sistemas de gestión de última generación o modernizar sus ser- vicios. Lo que no pueden permitirse per- der es aquello que les dio identidad des- de el primer día. Al terminar la conversación queda la sen- sación de haber asistido a mucho más que una entrevista. Es el diálogo entre dos generaciones que entienden el éxito de la misma manera. Una generación que construyó. Otra que recibió la responsabilidad de continuar. Y ambas convencidas de que el verdade- ro legado no son los bienes materiales ni los cargos. Es una forma de trabajar. Es una manera de relacionarse con la gente. Es el compromiso de cuidar, todos los días, el prestigio construido durante me- dio siglo. Porque los cincuenta años de Turismar no son solamente la historia de una em- presa que logró crecer. Son la historia de un legado que sigue es- cribiéndose cada vez que una generación le entrega a la siguiente mucho más que una organización: le entrega una manera de entender el trabajo.

 

 

Escribir un comentario

Promovemos la comunicación responsable. No publicamos comentarios de usuarios anónimos ni aquellos que contengan términos soeces o descalificaciones a personas, empresas o servicios.