1983: la sociedad que cambió la historia de Turismar
Jueves, 23 Julio 2026

1983: la sociedad que cambió la historia de Turismar

Las empresas familiares suelen atravesar momentos decisivos en su evolución. Algunas optan por mantener su estructura original. Otras encuentran en la incorporación de nuevos socios la oportunidad de fortalecer un proyecto que ya ha demostrado su valor. En la historia de Turismar, 1983 fue uno de esos momentos. Siete años después de su fundación, la empresa enfrentaba un desafío común a toda organización en crecimiento.

 

Había que decidir si seguir avanzando con la estructura original o incorporar nuevos actores capaces de fortalecer el proyecto. La respuesta llegó desde un grupo de empresarios que ya compartían una trayectoria común. Fernando Chainca Marques, José “Pepe” González y Wenceslao “Lao” González eran socios en Talleres Chago y, en 1983, adquirieron una participación en Turismar, incorporándose como socios de la empresa junto a la familia Marichal. Una decisión que, vista más de cuatro décadas después, aparece como uno de los hitos más importantes en la consolida- ción de la compañía.

Al recordar aquellos días, Pepe González no habla de cálculos empresariales ni de estrategias financieras. Prefiere resumirlo con la sencillez de quien nunca sintió que estaba protagonizando un hecho extraordinario. Cuando se le menciona el coraje que implicó asumir aquel desafío, responde con humildad que también existía una gran responsabilidad. Era, simplemente, hacer lo que entendían que debían hacer. Detrás de esa aparente naturalidad había una realidad mucho más exigente. Los años fundacionales estuvieron marcados por jornadas interminables. “No había sábado ni domingo”, recuerda Pepe. No era una forma de hablar. Era la rutina de quienes construían una empresa prácticamente desde cero, resolviendo problemas mecánicos, administrativos y operativos sin horarios y sin distinguir entre días laborables o feriados. Alfredo González, hijo de Lao, sobrino de Pepe y representante de la nueva generación, conoce esas historias porque las vivió desde muy cerca. Por eso insiste en un aspecto que considera fundamental para comprender el crecimiento posterior de Turismar.

Todo fue hecho a pulmón. No existían grandes patrimonios familiares ni estructuras empresariales heredadas que facilitaran el camino. Cada nueva línea. Cada nueva concesión. Cada inversión. Cada ómnibus incorporado. Fue el resultado de años de trabajo y de una apuesta permanente al futuro. Esa forma de construir la empresa terminó moldeando también su cultura interna. Con el paso del tiempo, las familias Marichal, Chainca y González dejaron de ser simplemente socias dentro de Turismar. Comenzaron a funcionar como una sola familia empresarial. “Siempre se trató de ser una familia”, afirma Alfredo. La frase explica mucho más que el buen clima interno. Explica por qué, todavía hoy, resulta natural ver a conductores, funcionarios, administrativos y propietarios saludarse con la cercanía de quienes comparten mucho más que un lugar de trabajo. Mientras el transporte evolucionaba, las rutas se ampliaban y la tecnología transformaba la actividad, la empresa continuó creciendo sin abandonar aquella filosofía original. La renovación de la flota, la incorporación de nuevas líneas y la modernización de los sistemas siempre estuvieron orientadas al mismo objetivo. Brindar un mejor servicio, con mayor seguridad y procurando la plena satisfacción del pasajero, como resume Alfredo González. Quizá esa sea la mayor enseñanza que deja la historia de aquella sociedad nacida en 1983. Las alianzas empresariales suelen medirse por los resultados económicos. Esta también puede medirse por eso. Pero, sobre todo, puede medirse por algo mucho más difícil de construir. La confianza.

 

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