“Turismar fue la vida. Un regalo de la vida.”
Jueves, 23 Julio 2026

“Turismar fue la vida. Un regalo de la vida.”

Hay personas que fundan una empresa. Otras la dirigen, la hacen crecer o la proyectan hacia el futuro. Julio Semproni ocupó un lugar diferente. Llegó cuando Turismar todavía no existía y terminó convirtiéndose en uno de los grandes protagonistas silenciosos de su nacimiento. Su historia demuestra que las empresas no se construyen únicamente con ómnibus y rutas; también necesitan personas capaces de transformar una idea en una organización.

 

Cuando Sergio Herrera le pide que retroceda hasta 1976, Julio Semproni sonríe. En aquel momento no provenía del mun- do del transporte. Su experiencia estaba en otro lado. Trabajaba en una gestoría junto a su socio Rubén Álvarez, atendiendo diferentes empresas vinculadas al turismo, especialmente propietarios de ómnibus de ex- cursiones y transporte escolar. Nada hacía pensar que aquel estudio terminaría siendo el lugar donde comenzaría a ges- tarse una nueva empresa de transporte de pasajeros. La historia empezó casi de manera casual. Cuando se produjo la separación de Ráfaga Celeste y un grupo de empresarios decidió iniciar un nuevo camino, buena parte de los trámites administrativos se realizaron precisamente en aquella gestoría. 21Entrevista Tomás Cebriá Umpierrez; Juan Carlos Bertucci; Pablo Marichal Canone y José Antonio Nervi, integraban aquel grupo fundador que buscaba transformar una idea en una realidad. Una vez concluidos los trámites surgió una pregunta tan simple como trascendente. ¿Quién se haría cargo de la administración? La respuesta terminó cambiando la vida de Julio Semproni. Con el paso de los años recuerda ese momento con una mezcla de gratitud y asombro. Lo que más destaca no es el cargo que ocupó. Es la confianza que recibió. “Nunca recibí prácticamente ningu- na indicación”, dice al recordar la libertad con la que pudo desarrollar su tarea. Para él, esa forma de trabajar fue uno de los mayores regalos que recibió a lo largo de su carrera profesional. “He sido un afortunado”, resume con una humildad que atraviesa toda la conversación. Entre los recuerdos más intensos aparece inevitablemente uno de los momentos fundacionales de Turismar. La adjudicación de la primera línea regular hacia Durazno. Aquella resolución del Ministerio de Transporte marcó el verdadero comienzo de la empresa. Eran apenas tres frecuencias. Hoy parecen pocas. Entonces representaban el futuro. Semproni recuerda aquellas jornadas en las que todavía no existía la Terminal Tres Cruces y cada empresa atendía a sus pasajeros desde pequeños locales propios distribuidos por Montevideo. La realidad del transporte era completamente distinta. Las oficinas funcionaban sobre la avenida Agraciada, compartiendo incluso espacios con otras empresas mientras el sector comenzaba lentamente a reorganizarse. Pero quizá el recuerdo que mejor refleja el espíritu de aquellos años sea otro. No había planes estratégicos elaborados por consultoras. Había kilómetros. Muchos kilómetros. Junto a Humberto Marichal recorría el interior del país en camioneta buscando nuevas oportunidades, nuevos destinos y nuevas líneas que permitieran seguir creciendo. 22Entrevista Así nacieron proyectos como Sarandí del Yí y, posteriormente, la expansión hacia Santa Clara de Olimar y Melo. Era una época en la que el desarrollo de una empresa dependía, muchas veces, de recorrer personalmente los caminos, conversar con la gente y descubrir necesidades que todavía no figuraban en ningún estudio de mercado. Cuando la conversación deriva hacia el presente, Semproni encuentra una explicación para el enorme reconocimiento social que Turismar ha cosechado durante medio siglo. No lo atribuye únicamente al transporte de pasajeros. Habla del vínculo permanente con las intendencias, con las comunidades y con la gente. Ese contacto cotidiano terminó construyendo una relación de confianza que excede ampliamente la actividad comercial. Por eso no le sorprende escuchar que, en distintas ciudades del país, las autoridades destaquen permanentemente el compromiso social de la empresa. Porque, según entiende, esa cercanía siempre formó parte de la identidad de Turismar. Y entonces llega la pregunta final. ¿Qué fue Turismar para Julio Semproni? La respuesta no necesita elaboración. Sale inmediatamente. “La vida. Un regalo de la vida.” A continuación explica que jamás recibió una amonestación. Que siempre encontró apoyo. Que todos los logros que pudo alcanzar fueron posibles gracias a la confianza que depositaron en él quienes integraban la empresa. Pero va todavía un paso más allá. Dice sentirse agradecido por haber tenido la suerte de cruzarse en el camino con personas honestas, sanas y generosas. “Todo lo que pude haber hecho de bien lo hice gracias a ellos.” Hay quienes recuerdan una empresa por los cargos que ocuparon. Otros, por los desafíos que enfrentaron. Julio Semproni prefiere recordarla por las personas que conoció. Y quizá esa sea una de las mejores defiiciones posibles para una historia que ya lleva cincuenta años. Porque los ómnibus, las rutas y las oficinas cambian con el tiempo. Lo que permanece es la calidad humana de quienes hacen posible que una em presa siga avanzando generación tras generación. Y para Julio Semproni, esa historia tiene un nombre muy sencillo. Turismar fue, y sigue siendo, un regalo de la vida.

 

 

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