Cuando en 1987 nos adelantamos casi 40 años al Tren de la Costa
Miércoles, 16 Septiembre 2026

Cuando en 1987 nos adelantamos casi 40 años al Tren de la Costa

Una página de Ruttas vuelve a sorprender casi cuatro décadas después: imaginaba una terminal de ómnibus junto a Plaza de la Bandera, una vía elevada por Avenida Italia y un Expreso de la Costa de Oro que llegaba a Atlántida en 22 minutos.

por Sergio Antonio Herrera

Entre las páginas de Ruttas de 1986 y 1987 siguen apareciendo historias que, vistas desde hoy, adquieren un significado que seguramente no tenían cuando fueron escritas. Esta vez el hallazgo es un cuento publicado en agosto de 1987 bajo el título “El transporte uruguayo en el siglo XXI”, dentro del género Esperanza-ficción.

Vale una precisión necesaria. Esperanza-ficción es un género de cuentos que inventé y que, hasta donde sé, soy el único que practica. No nació como un ejercicio de futurología ni con pretensiones de adivinar lo que vendría. Se trataba de imaginar, desde la esperanza, realidades que en aquel momento podían parecer utópicas pero que, quizá algún día, podían dejar de serlo.

Lo curioso es que, en este caso, algunas dejaron de parecer tan utópicas.

El cuento imaginaba un Uruguay descentralizado, un transporte carretero modernizado, terminales en todas las capitales departamentales, un aeropuerto para vuelos domésticos en la rambla portuaria de Montevideo y una extensa red ferroviaria para pasajeros y cargas.

Pero hay un tramo que, leído casi cuatro décadas después, resulta especialmente llamativo.

Una terminal de ómnibus junto a Plaza de la Bandera. Una vía férrea elevada sobre pilares por el cantero central de Avenida Italia. Un servicio hacia la Costa de Oro. Y Montevideo-Atlántida en solamente 22 minutos.

No hace falta contarlo demasiado. Lo mejor es volver a publicar el cuento completo, tal como apareció en Ruttas en agosto de 1987.


El texto original:

CUENTOS DE ESPERANZA-FICCIÓN

El transporte uruguayo en el siglo XXI

El vertiginoso y sorprendente desarrollo alcanzado en infraestructura y mentalidad, en todo lo relacionado a turismo en el Uruguay que se operó a partir de la última década del siglo XX, arrojó el guante al transporte y éste aceptó el reto. Hace quince o veinte años hablar en nuestro país de descentralización sonaba como una reverenda utopía, reconforta hoy observar nuestro interior poblado suficientemente.

Las líneas de ómnibus interdepartamentales, siguen funcionando a satisfacción de usuarios y transportistas; claro, este rubro es el que menos cambios ha debido efectuar, recordemos que un altísimo porcentaje del espectro nacional del transporte ya había sido ganado por el ómnibus desde hace muchos años.

Quizá lo más destacable de esta actividad del transporte carretero sea la constante modernización de las flotas y la construcción en todas las ciudades capitales, Montevideo incluida, de su correspondiente terminal.

A partir de la instalación en pleno centro de la ciudad (rambla portuaria) del coqueto aeropuerto para vuelos domésticos y la excelencia de los equipos utilizados por las diferentes empresas que cubren todas las líneas aéreas del país, este servicio ha ido ganando adeptos y la ola expansiva ha generado un comercio ágil y fluido en toda la República.

No menos importante ha sido el desarrollo de la red ferroviaria, nuestro territorio es atravesado en todas las direcciones por una abundante y eficiente flota de ferrocarriles que brindan un excelente servicio de carga y pasajeros.

Precisamente en este último rubro nos queremos detener, con tremenda satisfacción AFE ha anunciado para los próximos días, el comienzo de la línea Montevideo-Atlántida, con el revolucionario sistema del Monorriel aéreo.

La moderna vía férrea, extendida sobre pilares asentados en el cantero central de Av. Italia, comienza a pocos metros de la terminal de ómnibus de la Plaza de la Bandera. Exactamente en la intersección con Av. Garibaldi se podrá abordar el “Expreso de la Costa de Oro” que por la ruta interbalnearia y con paradas estratégicamente ubicadas, permite realizar el trayecto total en solamente 22 minutos...

Demás está decir la importancia que este nuevo medio de transporte supone para la población en general y para la de la zona en particular, hoy, vivir en Solymar, Marindia o Atlántida por citar algunos casos, resultará en tiempo de viaje, lo mismo que residir en Pocitos, La Unión o en El Prado. Tenía razón Discépolo: “Siglo veinte cambalache” pero... ¿qué me cuenta del veintiuno? lindo ¿no?

Ruttas – agosto de 1987


Lo que todavía no existía

Hay un detalle que inicialmente pasó inadvertido y que hace todavía más interesante la relectura.

En agosto de 1987 no existía la Terminal Tres Cruces. Es más: todavía faltaban dos años para que, en 1989, se realizara el llamado a licitación para construir una nueva terminal. Tres Cruces sería inaugurada recién en noviembre de 1994.

Sin embargo, siete años antes, el cuento hablaba de “la terminal de ómnibus de la Plaza de la Bandera”, frente a la zona donde terminaría levantándose Tres Cruces.

Y hacía comenzar a pocos metros de allí la otra parte de aquella ficción: una vía férrea elevada sobre pilares asentados en el cantero central de Avenida Italia, rumbo a la Costa de Oro.

Casi cuarenta años después, la similitud con algunas de las propuestas que Uruguay comenzó a discutir resulta inevitable.

En 2020 reapareció públicamente el denominado Tren de la Costa, con una conexión desde Tres Cruces hacia El Pinar utilizando el corredor de Avenida Italia y Giannattasio. Posteriormente se estudiaron otras alternativas ferroviarias para conectar Montevideo con Ciudad de la Costa por ese mismo eje. Y en 2025 volvió a ponerse sobre la mesa una solución de transporte elevado por Avenida Italia.

No son, naturalmente, proyectos idénticos al cuento de 1987. Las tecnologías cambian, también los recorridos y las características de cada propuesta. Pero las coincidencias fundamentales están impresas y tienen fecha.

Plaza de la Bandera. Una terminal de ómnibus. Avenida Italia. El cantero central. Una vía elevada. La Costa de Oro.

Y hasta un tiempo de viaje que hoy continúa pareciendo ambicioso:

Montevideo-Atlántida, 22 minutos.

No hace falta convertir aquello en una profecía ni disfrazarse de Nostradamus. Pero tampoco practicar una modestia que, frente al documento, terminaría resultando un poco absurda.

En 1987 nos adelantamos. Y bastante.

Los cuentos de Esperanza-ficción continuaron después de Ruttas. Algunos fueron recuperados muchos años más tarde en Portal de América. Su intención siguió siendo la misma: imaginar realidades mejores, posibles o aparentemente imposibles, y permitirse por unas páginas vivir dentro de ellas.

Este cuento terminaba con Discépolo:

“Siglo veinte cambalache... pero... ¿qué me cuenta del veintiuno? lindo ¿no?”

El siglo XXI llegó. Tres Cruces también. El Tren de la Costa continúa siendo objeto de proyectos y discusiones. Y seguimos buscando cómo conectar rápidamente Montevideo con una zona metropolitana que creció enormemente hacia el este.

El cuento de Esperanza-ficción acertó bastante.

Ahora falta convertir la esperanza en realidad.

Portal de América

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