Turismo MICE frente a un mundo en conflicto
Martes, 13 Octubre 2026

Turismo MICE frente a un mundo en conflicto

Guerras, crisis geopolíticas y cambio climático están redefiniendo las condiciones de competitividad de los destinos y obligando a la industria de reuniones a incorporar una variable que ya no puede ignorar: “La gestión de riesgos”.

por Ariel Badán Carreras, desde Córdoba

La industria MICE ha demostrado una notable capacidad de adaptación frente a las transformaciones económicas, sanitarias, tecnológicas y sociales. Sin embargo, el escenario internacional plantea hoy desafíos que exceden la logística tradicional y la calidad de los servicios.

Los conflictos armados, las tensiones geopolíticas, las restricciones aéreas y la volatilidad de los costos afectan la planificación de congresos y exposiciones, modifican las decisiones de las empresas y generan muchas veces incertidumbre entre organizadores, patrocinadores y participantes.

A esta realidad se suma el cambio climático, con fenómenos extremos capaces de alterar calendarios, interrumpir operaciones, comprometer la seguridad y aumentar los costos de los eventos.

La International Association of Professional Congress Organisers (IAPCO) ha informado recientemente que cerca del 60% de los profesionales han enfrentado graves dificultades para planificar congresos internacionales debido a factores sociopolíticos.

La seguridad de los participantes, la continuidad operativa y la protección de las inversiones deben formar parte de la planificación estratégica de congresos, convenciones y exposiciones.

La industria MICE depende de una compleja articulación de servicios, infraestructura, transporte, alojamiento y recursos humanos. Sin embargo, existe un factor que puede alterar toda esa planificación en cuestión de horas: “La naturaleza”.

Huracanes, inundaciones, olas de calor, incendios forestales, tormentas severas y terremotos representan riesgos capaces de interrumpir eventos, afectar la conectividad, comprometer la seguridad de los asistentes y provocar importantes pérdidas económicas.

El terremoto que afectó a Panamá el viernes 9 de octubre de 2026 ofrece un caso concreto para analizar la vulnerabilidad de los destinos MICE. Las primeras informaciones reportaron un sismo de magnitud 7,7, daños en hoteles, edificios y carreteras, y evacuaciones preventivas en la capital. El aeropuerto internacional de Tocumen suspendió temporalmente sus operaciones y luego informó que las estaba reanudando.

La consecuencia es clara: la gestión del riesgo debe dejar de ser un componente secundario para convertirse en parte de la estrategia MICE.

Ya no basta con disponer de un centro de convenciones moderno, una planta hotelera adecuada y una buena conectividad. Los destinos necesitan demostrar capacidad de respuesta, alternativas operativas, protocolos de contingencia y previsibilidad contractual.

Esta situación también podría generar oportunidades para América Latina. Ciudades y países del Cono Sur podrían captar eventos que busquen condiciones operativas confiables y alternativas geográficas. Pero sería un error considerar que la distancia respecto de los principales focos de conflicto garantiza una ventaja competitiva. La conectividad, la infraestructura, la estabilidad económica y la profesionalización siguen siendo determinantes.

En materia climática, el desafío es igualmente concreto. La sostenibilidad ya no debería limitarse a un discurso promocional ni a una declaración de buenas intenciones. Medir consumos, residuos, emisiones y efectos sobre la comunidad local debe formar parte de una evaluación integral del evento.

Aquí aparece otra cuestión fundamental que hemos tratado en columnas anteriores- ¿cómo medir el verdadero éxito de una actividad MICE en un contexto de creciente incertidumbre?- La cantidad de asistentes, las habitaciones ocupadas o las repercusiones institucionales no son suficientes. Es necesario analizar el impacto económico efectivo, los costos asumidos, el valor generado para los proveedores locales y la capacidad del destino para sostener sus compromisos.

Los organizadores profesionales de congresos, los buró de convenciones, los gobiernos y las empresas deberán trabajar con una visión más integrada, incorporando escenarios alternativos, protocolos de emergencia, formatos híbridos cuando sean pertinentes y criterios verificables de sostenibilidad.

El futuro del Turismo MICE no dependerá únicamente de quién tenga la mejor infraestructura, sino también de quién sepa gestionar mejor la incertidumbre.

En un mundo donde las guerras y conflictos como lo acontecido en Ceuta, pueden modificar los flujos turísticos en cuestión de días y el cambio climático exige decisiones de largo plazo, organizar un evento ya no significa solamente coordinar servicios y cumplir un programa.

Significa anticipar riesgos, proteger inversiones, generar valor y ofrecer garantías razonables de continuidad.

Para América Latina, el desafío no es esperar que las crisis ajenas se conviertan en oportunidades propias. Es prepararse profesionalmente para competir en un mercado internacional que exige cada vez más seguridad, flexibilidad, transparencia y resultados comprobables.

Durante años, la promoción turística ha ocupado un lugar central en las estrategias de los organismos oficiales. Participación en ferias internacionales, presentaciones de destinos, campañas publicitarias, viajes de familiarización y fotografías de autoridades junto a referentes del sector han formado parte de una agenda que, en muchos casos, parece justificar su propia existencia, pero todo esto ya no alcanza.

Porque, en definitiva, la pregunta ya no es solamente cuánto negocio puede generar un congreso, sino qué valor deja, qué riesgos puede afrontar y qué capacidad tiene el destino para responder cuando el contexto cambia.

Portal de América

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