por Sam Sifton, The New York Times
Todo esto basta para que cualquier persona que hubiera estado pensando en volar considere mejor viajar por carretera. Y eso era antes de una colisión mortal ocurrida el domingo por la noche en la pista del aeropuerto de LaGuardia, en Nueva York.
Las filas
Para los viajeros, urge que se alcance un acuerdo de financiamiento. Más de 400 agentes de la TSA han renunciado desde que inició el cierre, según el Departamento de Seguridad Nacional. Otros han buscado segundos empleos y han faltado al trabajo para poder atenderlos. Ahora pasar el control de seguridad en los grandes aeropuertos de Atlanta y Nueva York puede tomar horas, lo que resulta en numerosos vuelos perdidos.
¿Qué tan graves son las esperas? Les pedimos a los lectores de The Morning que compartieran sus historias. Cientos de ellos respondieron. He aquí un par de anécdotas:
Perdimos nuestro vuelo de conexión en Atlanta debido a las largas filas del sábado. Vimos a agentes de la TSA notablemente cansados, y algunos decían que no vendrían a trabajar al día siguiente. Cuando los viajeros que corrían el riesgo de perder sus vuelos empezaron a pedir permiso para avanzar a los que tenían delante, alguien llamó a los agentes de la TSA, y ellos llevaron a los viajeros hasta el final de la fila. Una de esas personas lloró. Observamos cómo los pasajeros discutían sobre la gente que se metía en la fila y vimos agentes intervenir para detener una pelea. Dormimos en el aeropuerto para poder tomar nuestro vuelo a la mañana siguiente. | Natalia Rojas Cerf | Austin, Texas
Volvimos de Puerto Rico el domingo y la experiencia fue brutal. Dos de las tres terminales estaban cerradas, y varias filas (facturación, entrega de equipajes, seguridad) zigzagueaban confusamente por el edificio y hasta la calle. Los viajeros hacían fila por más de cuatro horas a la sombra de carpas y bajo la lluvia. Muchas personas perdieron sus vuelos. A menudo el personal estaba igual de confundido que los viajeros sobre a dónde ir y para qué eran las filas. | Dawnrae Oliveira | Hinsdale, Massachusetts
No obstante, en conjunto las respuestas pintan un panorama matizado. Varios lectores compartieron historias de normalidad, incluso de cordialidad:
Volé desde Denver al comienzo de las vacaciones de primavera y me sorprendió la facilidad de la seguridad. Había filas largas que avanzaban muy rápidamente, los agentes de la TSA eran amables y cordiales, incluso bromeaban, y los viajeros en general se mostraban positivos y respetuosos. Los clubes de las aerolíneas estaban abarrotados, presumiblemente con viajeros que llegaban temprano por si acaso. | Cait Murphy | Denver, Colorado
Una persona con un chaleco que dice “police” y “ICE” se ve a través de un cristal.
Agentes del ICE en el aeropuerto internacional O’Hare de Chicago el lunes. Jamie Kelter Davis para The New York Times
Petróleo, migración, precios
Los tiempos de espera no son la única irregularidad para los viajeros. Esta semana, el presidente Trump desplegó agentes de inmigración en los aeropuertos, con el argumento de que ayudarían a gestionar las filas. Los legisladores demócratas y el sindicato que representa a los agentes de la TSA afirmaron que el despliegue era perturbador: los agentes del ICE ponen muy nerviosos a algunos estadounidenses. (Otros les dan la mano). Durante el fin de semana, la TSA informó al ICE sobre los planes de viaje de una mujer y su hija de 9 años, lo que condujo a su deportación.
Y luego están las repercusiones de una guerra en el extranjero. Los precios de los billetes están subiendo a medida que el conflicto con Irán provoca escasez de combustible para aviones en Asia. Las aerolíneas han cancelado decenas de miles de vuelos en Medio Oriente, y los gobiernos han cerrado aeropuertos y restringido rutas de vuelo en toda la región. La demanda de billetes está disminuyendo. “Estamos viendo una tormenta perfecta de interrupciones en los viajes en este momento”, dijo un experto en viajes al Times.
En cuanto al choque entre un avión de Air Canada y un camión de bomberos en el que murieron dos pilotos en LaGuardia el domingo, aún no sabemos exactamente qué fue lo que salió mal.
Sabemos que el audio de la torre de control del tráfico aéreo apunta a un problema de comunicación. En él, se escucha que un controlador le dice al camión de bomberos: “Detente, detente, detente, camión 1, detente, detente, detente”. Seis segundos después, el controlador vuelve a decir: “¡Detente, camión 1, detente!”. Los investigadores no saben si el conductor escuchó esas órdenes.
Y los dos controladores que estaban de servicio en el momento del choque estaban haciendo el trabajo de cuatro personas, dijeron las autoridades. Esta práctica es común en los turnos nocturnos, pero los reguladores federales ya han planteado antes preocupaciones de seguridad al respecto.
Sin embargo, en un ambiente ya tenso, la colisión mortal se sintió como la última variable de una ecuación sombría: ¿Esas filas, esos agentes del ICE, esta guerra, esos pobres pilotos muertos, esos pasajeros heridos que podrían haber sido tú? El resultado es estrés.
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