El turismo en ALC capta el 6% del turismo global, pero genera un 20% menos de ingresos por visitante que el promedio mundial — hay margen claro para mejorar.
Cinco acciones prioritarias —coordinación regional, sostenibilidad, conectividad, capital humano y entorno de inversión— pueden transformar ese potencial en beneficios concretos para las economías locales.
Representantes del sector privado, a través del Diálogo Empresarial de las Américas, identificaron las principales barreras del sector y formularon recomendaciones orientadas a una implementación coordinada.
América Latina y el Caribe (ALC) es una de las regiones del mundo con mayor diversidad de activos turísticos. Según la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural, alberga el 17% de los sitios naturales del Patrimonio Mundial de la UNESCO , doce de los catorce biomas globales están representados en su territorio y su patrimonio cultural e histórico goza de amplio reconocimiento internacional. Sin embargo, ALC solo capta alrededor del 6,2% de las exportaciones turísticas mundiales -participación comparable a su peso en el comercio global de bienes- si bien ha mostrado un crecimiento superior al promedio mundial (5,2% frente a 3,3%), lo que también se refleja en una mayor captación de turistas internacionales, aunque aún con una cuota relativamente baja en los flujos globales.
La diferencia es significativa: el ingreso promedio por turista internacional en ALC alcanzó los US$ 938, aproximadamente un 20% por debajo del promedio mundial de US$ 1.184.
Estos datos sugieren una oportunidad para traducir mejor el flujo de visitantes en beneficios económicos. No obstante, esta comparación debe interpretarse con cautela, ya que refleja tanto factores estructurales —como la conectividad, la infraestructura y el capital humano— como diferencias en la composición de la demanda, el nivel de sofisticación de la oferta turística y los precios. Al mismo tiempo, aunque la región ha mostrado capacidad para atraer visitantes, su participación en los flujos globales sigue siendo menor que la de otras regiones líderes, lo que apunta a limitaciones en su alcance. Avanzar en esta dirección requiere ir más allá de las estadísticas de llegadas y analizar el turismo como un sistema económico integrado.
Distribución mundial del Patrimonio de la Humanidad
Fuente: UNESCO, World Heritage Centre (2024).
El turismo como sistema
Una de las razones por las que el turismo en ALC no siempre materializa su potencial es que a menudo se aborda de manera fragmentada. Las políticas y estrategias han tendido a abordar el sector desde ángulos distintos que capturan aspectos importantes, pero que funcionan mejor cuando se consideran de manera conjunta.
Por un lado, el análisis suele centrarse en el destino: sus atractivos naturales y culturales, la calidad del entorno, la gestión local y las inversiones necesarias para desarrollar esos activos. Por otro lado, el turismo también se entiende como una cadena de valor económica compuesta por múltiples servicios conectados entre sí: transporte, alojamiento, gastronomía, operadores turísticos, plataformas digitales y otros proveedores que hacen posible la experiencia del viajero. Ambas miradas son válidas y complementarias.
La actividad turística debe entenderse como un sistema económico complejo en el que interactúan múltiples actores. Como en cualquier otro sistema económico, su desempeño resulta de la interacción entre tres elementos fundamentales.
El primero es la oferta, que va más allá de los atractivos de un destino. Incluye la infraestructura, los servicios y los actores que hacen posible la experiencia del visitante, así como la conectividad que facilita el acceso al destino. En ese proceso interviene una cadena de valor más amplia que, aunque puede ser global, se concreta en el destino a través de los medios de transporte, plataformas digitales y operadores, entre otros.
El segundo elemento es la demanda, que refleja las preferencias, el poder adquisitivo y las decisiones de los viajeros. La oferta por sí sola no garantiza la llegada de visitantes: atraerlos requiere estrategias de posicionamiento y promoción, ya que los viajeros no siempre conocen las opciones disponibles ni cuentan con información completa al momento de decidir.
Finalmente, oferta y demanda se encuentran en el mercado turístico, que tiene una dimensión tanto global como doméstica. Es un mercado altamente competitivo, donde los diferentes destinos compiten por atraer visitantes según el valor de sus experiencias y donde se define cuánto se gasta, cómo se distribuyen los ingresos y qué parte de esos beneficios permanece en las economías locales.
Ver el turismo como un sistema integral tiene implicaciones directas para la política pública. Cuando las intervenciones se concentran en un solo componente, los resultados suelen ser limitados. Expandir la oferta sin comprender cómo se comporta la demanda, o promover destinos cuya base productiva aún es incipiente, reduce el impacto de los esfuerzos de desarrollo turístico.
El Grupo de Trabajo de Turismo del ABD propone una agenda
Esta forma de entender el turismo se refleja en el trabajo realizado en el marco del Diálogo Empresarial de las Américas (ABD, por sus siglas en inglés), una plataforma que reúne a más de 450 empresas líderes con presencia en ALC.
Durante 2025, el BID, en su rol de Secretaría Técnica del ABD, facilitó la creación del Grupo de Trabajo de Turismo, que reunió inicialmente a más de veinte empresas del sector, entre ellas cadenas hoteleras, aerolíneas y operadores de cruceros, y contó con el apoyo del World Travel & Tourism Council (WTTC) y del Grupo Punta Cana para liderar las reuniones de trabajo.
Desde la experiencia de las propias empresas, el Grupo de Turismo identificó los principales desafíos del sector y elaboró recomendaciones de política para abordarlos.
Cinco recomendaciones para fortalecer el sistema turístico
Cada una de dichas recomendaciones incorpora acciones concretas, orientadas a fortalecer distintos componentes del sistema turístico:
- Fortalecer la cooperación regional para posicionar la región como un destino de clas. mundial mediante una mayor coordinación entre países en materia de promoción, diversificación de los países de origen de los turistas y armonización de estándares de seguridad y de atención de emergencias. Esto podría impulsarse a través de bloques como la Comunidad Andina, la Alianza del Pacífico o MERCOSUR, entre otros.
- Reconocer el rol central del turismo en las estrategias de desarrollo, priorizando un enfoque sostenible e inclusivo que contribuya a la diversificación económica, al desarrollo de las comunidades locales y a la protección del patrimonio natural y cultural. Esto implica fortalecer la articulación público-privada, integrar el turismo en sectores clave como transporte, finanzas y educación, y mejorar la disponibilidad y calidad de los datos para la toma de decisiones.
- Mejorar la conectividad y la infraestructura para lograr un desarrollo más equilibrado del turismo y ampliar sus beneficios hacia destinos emergentes y zonas rurales. Esto requiere inversiones en transporte resiliente en todas sus modalidades y tecnologías que faciliten la movilidad y mejoren la experiencia del visitante, bajo modelos de gobernanza público-privada.
- Fortalecer las habilidades del capital humano y facilitar la movilidad regional para responder a la demanda de talento del sector, alineando la formación con las necesidades de la industria e incorporando competencias en idiomas, habilidades digitales y en sostenibilidad. Para ello, resulta clave avanzar en acuerdos de reconocimiento de títulos y certificaciones profesionales, atraer a la diáspora que radica en el extranjero —que ha desarrollado habilidades, por ejemplo, en el idioma inglés— para que pueda regresar e incorporarse al sector, y agilizar la tramitación de visas laborales que faciliten la movilidad de trabajadores. Asimismo, se propone promover programas cortos de formación especializada —conocidos como finishing schools — diseñados a la medida de los requerimientos del sector.
- Consolidar un entorno favorable y resiliente para la inversión y el desarrollo empresarial que facilite el acceso al financiamiento, promueva la formalización e integre a más empresas locales en la cadena de valor del turismo. En esa línea, se propone desarrollar mecanismos de acceso al financiamiento a través de la banca de desarrollo, articular respuestas regionales frente a amenazas comunes como el sargazo —las masivas llegadas de algas que afectan las costas del Caribe y deterioran la experiencia turística— y fortalecer las capacidades de prevención y respuesta ante crisis.
Este diagnóstico y las propuestas asociadas reflejan principalmente la perspectiva de las grandes empresas del sector y deberán complementarse con las voces de los operadores locales, las comunidades receptoras y los gobiernos nacionales y subnacionales, cuyas capacidades y prioridades varían significativamente en nuestra región, y con un análisis de las políticas más costo-efectivas para cada país.
Del potencial turístico a la acción
Desde el Sector de Productividad, Comercio e Innovación del BID, impulsamos una visión del turismo como un sistema integrado donde los resultados dependen de la interacción entre activos, cadena de valor, demanda y un mercado global cada vez más competitivo. Así, el turismo no se limita a los atractivos de un destino ni a las empresas que prestan servicios. Su potencial se materializa cuando actores públicos y privados coordinan inversiones, infraestructura, talento, gobernanza y promoción para transformar los activos de un territorio en experiencias que generan valor en el mercado.
Desde el BID contribuimos a este proceso mediante distintas herramientas, incluyendo investigación aplicada, asistencia técnica y financiamiento para gobiernos y el sector privado. Esta labor se refleja en operaciones activas en ALC como, por ejemplo, en Brasil, donde apoyamos el posicionamiento de Salvador de Bahía como destino de turismo cultural vinculado a la cultura afrobrasileña, o en El Salvador, a quien acompañamos con un programa integral para mejorar la competitividad del sector, con un enfoque sostenible que fortalezca el ambiente de negocios y las capacidades institucionales. También promovemos espacios de diálogo como el ABD, que facilitan la coordinación entre actores y la identificación de acciones concretas para fortalecer el sector. Estos esfuerzos buscan generar condiciones que favorezcan la inversión, impulsen la productividad de los destinos y amplíen los beneficios del turismo en las economías locales haciendo de él un verdadero motor de crecimiento en América Latina y el Caribe.
Portal de América - Fuente: BID

