Pero...
Es desconcertante asistir a una puesta en escena de tal nivel para terminar escuchando, una vez más, los mismos "mantras" estadísticos que se desmoronan ante el menor análisis técnico. Se volvió a repetir la cifra de los 3,6 millones de turistas. Una temeridad que, a estas alturas, ya roza la falta de respeto a la inteligencia del sector.
Como bien enseñó Miguel Ángel Acerenza, pilar de la academia turística, no se puede gestionar lo que no se define correctamente. Si el 47% de ese universo son excursionistas o personas en tránsito capturadas por un software de Migración obsoleto, llamarlos "turistas" no es solo un error técnico: es un relato político.
El Monitor de CERES, al que muchos parecen abrazar como una tabla de salvación, padece de un mal de origen: se alimenta de las cifras del Ministerio de Turismo. Es un círculo vicioso. Si la fuente es turbia, el análisis no puede ser cristalino. Afirmar una incidencia del 6,2% en el PBI cuando el ingreso real de divisas por turismo receptivo apenas araña el 2,38% (USD 2.040 millones sobre un PBI de USD 85.575 millones), es navegar con una brújula imantada por la conveniencia.
Lo más preocupante no es la "sanata" —como escuchamos decir a varios asistentes en la presentación del Monitor en el Enjoy de Punta del Este—, sino el quietismo cómplice del empresariado. Es comprensible que el funcionario político necesite el "récord" para su balance, pero ¿qué necesidad tiene el empresario de aplaudir una inexactitud flagrante? El aplauso a cifras infladas solo sirve para ocultar la erosión de la rentabilidad real.
Es hora de madurar. Festejemos que hoy tenemos una feria de categoría internacional, pero no alentemos que el brillo de los stands nos impida ver que seguimos operando bajo una ceguera estadística voluntaria. El turismo uruguayo necesita, de una vez por todas, un cerebro estratégico que deje de contar personas en la frontera y empiece a medir riqueza real.
Pero por sobre todas las cosas, independencia de criterio.
Es de aplaudir siempre la buena convivencia entre los sectores, una real gobernanza público-privada basada en el mantenimiento de los idóneos intereses empresariales por un lado y la generación de riqueza y empleo para todos, pero hay que aprender de una vez por todas que una cosa es marchar juntos y otra muy diferente es hacerlo revueltos.

